Policía Rural: historias de los guardianes del campo que combaten a cazadores furtivos y a cuatreros

En octubre, la Policía Rural de Mendoza cumplirá 18 años. La historia del grupo que nació ante la suba de robo y faena clandestina de caballos y hoy son polifuncionales. Historias increíbles, el combate contra la caza clandestina, los controles y las intervenciones sociales en los lugares a los que pocos llegan.

Policía Rural: historias de los guardianes del campo que combaten a cazadores furtivos y a cuatreros
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Si hubiese que definir la función de la Policía Rural de Mendoza en pocas palabras, sería prácticamente imposible. Y es que sus integrantes hacen “de todo” en aquellos lugares más remotos e inhóspitos, donde muchas veces ni siquiera hay señal de telefonía móvil o conectividad.

Y, cuando se dice de todo, es de todo: desde comandar operativos destinados a dar con animales de establo robados hasta combatir a la caza furtiva (con cazadores armados y que muchas veces no dudan en pisar el acelerador cuando los ven parados en la ruta o en abrir fuego hacia ellos). También hacen los trabajos inherentes a cualquier efectivo policial –en lo que hace a control y seguridad-, y hasta tienen tiempo para organizar colectas para las escuelas y comunidades más vulnerables. ¡Si hasta se han llegado a disfrazar de Papá Noel o de payasos para acciones referidos a la Navidad y el Día del Niño, entre otros!

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Distribuida en 4 delegaciones a lo largo y ancho de toda la provincia, esta dependencia de la Policía de Mendoza tiene más de 200 efectivos en funciones. Y son actores protagónicos, por ejemplo, en lo que hace a evitar el tráfico ilegal de flora y fauna, así como también la caza ilegal. Precisamente ello los lleva a trabajar codo a codo, con personal del Departamento de Fauna Silvestre de la Dirección de Recursos Naturales Renovables, solo por mencionar a alguno de los vínculos que mantienen siempre activos.

“La Policía Rural nació como una inquietud que surgió a fines de los 90 y que tenía que ver con el abigeato -que es el robo del ganado-, las faenas clandestinas y el maltrato animal. Pero las propias circunstancias nos han llevado hoy a estar al frente de tareas de control de carga y alimento, de tránsito, combatiendo el contrabando de flora y fauna, además de las funciones de policía en lo que tiene que ver con la seguridad. Hemos tenido también intervenciones en episodios de violencia de género, por ejemplo”, resalta el jefe de la Policía Rural, Carlos Siri.

Norte (Gran Mendoza), Este, Valle de Uco y Sur son las cuatro delegaciones activas de la Policía Rural de Mendoza, y en cada una de ellas –de acuerdo a la zona de incidencia- prima una realidad diferente. Más allá de esto, lo que comparten es el espíritu, así como también el trabajo mancomunado con distintas áreas (el ya mencionado departamento de Fauna Silvestre, los Guardaparques, la dirección de Ganadería, el Senasa y hasta las direcciones de Zoonosis –provincial y municipales-). Y todos los procedimientos especiales cuentan con una orden judicial que lo avala.

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

“Hay mucha pasión en lo que hace la gente de la Policía Rural. Es una unidad sumamente sacrificada por la zona donde trabajamos. Nuestra oficina es el campo, con lo que las temperaturas y las condiciones implican. También hay un sacrificio muy grande y que es el desarraigo, porque somos personas que trabajamos en zonas inhóspitas y podemos estar días enteros campo adentro”, agrega Siri.

Tráfico de aves, el delito más identificado

La primera de las delegaciones de la Policía Rural que se creó fue la Norte. Fue el 18 de octubre de 2005 y su sede, ubicada en el Parque Metropolitano de Maipú, es la sede central de la fuerza. En cuanto a jurisdicción, abarca todo lo que es el Gran Mendoza y Lavalle.

“Nuestra función va desde la prevención del delito en sí hasta lo que es la protección de la flora, la fauna. Uno de los operativos más comunes se dan cuando tenemos que intervenir en lugares para evitar carreras cuadreras (caballos) y de perros, que son ilegales”, destaca el coordinador de la Delegación Norte de la Rural, Alejandro Ávila.

El secuestro de animales sueltos en las rutas mendocinas (muy comunes en la 7 y en la 40 que, además, son la causa de numerosos accidentes de tránsito) también es responsabilidad de la Policía Rural. Sin embargo, lo que más ha crecido en los últimos años es el tráfico de fauna ilegal.

En lo que va del año, en distintos procedimientos relacionados a ese delito, los efectivos han recuperado 970 ejemplares de aves. El Siete Cuchillos es uno de los más codiciados y, por ende, más rescatados. Solamente en un procedimiento, registrado hace poco más de una semana, se secuestraron 137 aves en la zona del Encón (la triple frontera entre Mendoza, San Luis y San Juan).

Desde que se creó la Policía Rural de Mendoza, en tanto, ya se han secuestrado más de 27.000 aves que estaban dentro del circuito del tráfico ilegal.

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Carreras cuadreras y “boleadas”, las crueles prácticas con animales que marcan los operativos más comunes

Además de las mencionadas carreras cuadreras (caballos) -muy comunes en toda la provincia-, en el Sur mendocino existe otra práctica tan recurrente como salvaje: las boleadas.

“Hace unos días intervinimos en un operativo por una ‘boleada’, que es muy común en invierno, ya que los choiques (NdA: una especie de ñandú, aunque más pequeño) bajan de la montaña por las nevadas. En cuanto a la práctica de esta actividad, consiste en un grupo de entre 15 y 20 personas que se juntan entre sí y bordean un cerro. Entonces, algunas de ellas suben y se encargan de espantar a las aves. Los ejemplares bajar corriendo y, abajo, los esperan los cazadores, quienes se entretienen cazándolos con boleadoras. De ahí el nombre”, explica por su parte Mario Hassar, jefe de la Delegación Sur de la Policía Rural. En las dos sedes de la Zona Sur (San Rafael y General Alvear) se encuentra 57% del territorio provincial que custodia la Rural.

En esa región de Mendoza, en cuanto a las intervenciones de la fuerza, es muy común la participación en controles de tránsito de ganado, el abigeato y la faena clandestina, así como también la caza clandestina. La ley provincial fija multas de entre 70.000 y 50.000.000 pesos por caza furtiva.

Además de los choiques –en invierno-, otra de las especies más atacadas por los cazadores son los piches (quirquinchos), ya en verano y cuando completan la hibernación. Y es uno de los botines más detectados en toda la provincia y se cazan para el consumo y la comercialización.

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Contra la furia de los cazadores

En las boleadas, los cazadores están armados –principalmente- con boleadoras, que son las que utilizan para reducir y capturar a los choiques. No obstante, también suelen llevar armas de fuego, algo que se repite entre quienes cazan las distintas especies. Y esto se convierte en una amenaza y peligro latente para los efectivos de la Rural.

“Cuando hemos intervenidos en operativos de caza clandestina, nos han sorprendido con disparos en medio de la oscuridad. La gente es muy agresiva en ese contexto, y cuando ve que estamos nosotros, se envalentonan. Hemos tenido hasta que saltar o corrernos de la huella, porque cuando los cazadores nos ven, aceleran para atropellarnos y poder escapar”, describen Hassar (del Sur) y Ávila (de la delegación Norte).

“En una oportunidad, durante un procedimiento en que dimos con un grupo de enduristas que habían ido a cazar guanacos a la zona de la ruta 13, ellos dispararon con fusiles tipo FAL que tenían”, ejemplifica Ávila.

En el Valle de Uco, los guanacos, los piches y las vizcachas son otros de los botines codiciados por los cazadores furtivos. Poco les importa a ellos, por ejemplo, que el guanaco sea una especie protegida y declarada Monumento Natural. Así, por ejemplo, son incontables los operativos en los que han encontrado guanacos enteros en cajas de las camionetas –ya muertos- o despedazados.

“Hace no mucho tiempo, en la zona de la Laguna del Diamante, encontramos a cazadores a caballo que traían a 7 guanacos despedazados y guardados en las alforjas. Y cuando llegaron a donde estábamos nosotros, nos tiraron los caballos encima para poder escaparse. En esos casos, salen a toda velocidad e intentan esconderse”, grafica por su parte la titular de la Delegación del Valle de Uco de la Policía Rural, Edith González.

En ese sentido, destacaron que están comenzando a filmarse los procedimientos de caza donde intervienen –lo que permite identificar a los cazadores y dejar registros de los distintos ataques-, así como también se mostraron entusiasmados porque está próxima la incorporación de drones y cuatriciclos para utilizar en estos procedimientos.

Los efectivos que desempeñan sus funciones en la Policía Rural de Mendoza tienen un sentido de orientación y una intuición admirables. Tanto que con solo ver la expresión del rostro de quienes se cruzan por su camino, pueden deducir si se trata de un cazador o de alguien que está en medio de algo irregular. A ello se suma la capacidad que tienen para seguir huellas y rastros que ni los propios canes de la Policía pueden identificar. “Después de todo, ‘investigar’ viene del latín que significa ‘ir tras las huellas’, por lo que en cierto modo estamos investigando”, agrega el delegado de la Zona Este de la Rural, Carlos Ascurra.

“Muchos de nosotros somos baqueanos”, sostienen, entre risas, para explicar la situación. A los guanacos y pichiciegos, se suman la liebre de castilla, la vizcacha y otros armadillos como las especies más cazadas. Incluso, se encargan de hacer controles en procedimientos que involucran a ejemplares cuya caza está autorizada, como es el caso de los jabalíes o las mismas liebres de castilla. Y es que, si bien está permitida, es fundamental cumplir con ciertos requisitos y exigencias para poder proceder, así como evitar prácticas prohibidas (como, por ejemplo, el uso de perros para dar con las presas).

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Una tigresa, un mono junto a un arsenal y un oso melero: los procedimientos más atípicos

En su múltiple rol, los efectivos de la Policía Rural están en alerta ante los delitos más típicos, pero también hacia aquellos orientados a las particularidades de cada zona. En Maipú, por ejemplo, es muy común el robo de aceitunas; mientras que en el Valle de Uco se da con las nueces y los frutos secos. En el Este, en tanto, es el robo de la uva. Y en todas las rutas y destinos están atentos a los controles de tránsito y carga.

“También hacemos los trabajos de la Policía tradicional, como control de documentación, de antecedentes o el control biométrico. Somos, por excelencia, los custodios de las rutas provinciales y rurales”, acota Adrián Amaya, segundo jefe provincial de la Policía Rural.

Por fuera de los procedimientos de rutina y los más frecuentes, existen operativos de los que participaron “los ruraleros” –como se llaman a sí mismos- y que quedarán en la historia. Uno de los más recordados tuvo lugar en 2007, en Rivadavia, y consistió en el rescate de una tigresa.

Historias del Zoo de Mendoza: Violeta, la tigresa de un circo que vivía encadenada y era exhibida al público. Foto: Gentileza.
Historias del Zoo de Mendoza: Violeta, la tigresa de un circo que vivía encadenada y era exhibida al público. Foto: Gentileza.

“Yo no había entrado a la Policía Rural todavía, pero el caso siempre se comenta. Encontraron a la tigresa Violeta, que estaba encadenada en una finca. Era la casa de un coleccionista”, destaca por su parte el jefe de la Delegación Este, Ascurra. Actualmente la tigresa se encuentra en el Ecoparque de Mendoza, a la espera de su traslado a un santuario. Pero antes de ser rescatada era hasta una especie de atracción para los visitantes.

Precisamente uno de los hallazgos más exóticos se dio en los últimos meses, en el Este. Fue en un campo de Santa Rosa, donde se encontró a un oso melero completamente perdido y deshidratado. Aquí también intervino la Policía Rural, quienes dieron luego intervención a Guardaparques de Ñacuñán y al departamento de Fauna Silvestre. Tras recuperarse en Mendoza, el oso fue trasladado al Norte Argentino.

En ese sentido, el jefe del departamento de Fauna Silvestre de la Dirección de Recursos Naturales Renovables, Adrián Gorrindo, resaltó la importancia de poder trabajar de forma conjunta desde su área con la Policía Rural.

“Poder contar con el Ministerio de Seguridad, por intermedio de la Policía Rural, permite optimizar, ayudar y fortalecer el cuidado de los recursos naturales renovables de la provincia. Ese trabajo conjunto permite que la Secretaría de Ambiente capacite al personal policial en normativas relacionadas al manejo y control de esos recursos, lo que fortalece el cuidado y el compromiso”, resalta Gorrindo. Y aclara que esta estrategia les permite abarcar una mayor parte del territorio provincial.

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

En cuanto al secuestro de animales, otro operativo que quedará en la historia de la Policía Rural de Mendoza tuvo lugar hace 3 años en la zona de La Margarita (Fray Luis Beltrán, Maipú). Allí, como resultado de todo el procedimiento, encontraron a un mono y una gran cantidad de armas y trampas.

“El año pasado, en un caso que después salió en los medios como ‘La Finca del Horror’, se desbarató todo un circuito de faena clandestina en San Rafael. Recuerdo que fue un procedimiento que llevó mucho tiempo, y algunos de los muchachos de la Policía Rural se hicieron pasar por liebreros para poder entrar a la finca. Cuando vieron salir a las camionetas con los caballos cargados, dieron aviso. Y teníamos a dos motos esperando en la ruta y quisieron atropellarlas, les apuntaron”, rememora Hassar, de la delegación Sur.

Los propios efectivos de la Policía Rural han sido, además, protagonistas en importantes secuestros de drogas –en distintos procedimientos- y quienes han permitido desbaratar puntos clandestinos de faena de porcinos y otros animales que derivaron en graves casos de triquinosis y de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH).

El rol social

Teniendo en cuenta que muchas veces son los únicos referentes en zonas a las que ni siquiera llegan con claridad las comunicaciones, los efectivos y las efectivas de la Policía Rural de Mendoza terminan convirtiéndose en estandartes y hasta agentes sanitarios de algunos parajes bien remotos.

Así, por ejemplo, se encargan de organizar colectas de ropa y alimentos para algunas comunidades vulnerables, de la misma manera en que organizan eventos para la Navidad, el Día del Niño. Y, cuando les toca, suelen ser también los encargados de llevar agua a alguna escuela que –por algún desperfecto- no cuenta con el suministro.

“A veces organizamos rifas o recolectamos útiles, platos, tacitas, juguetes. Cada delegación apadrina a escuelas, por lo que eso nos permite llevarles ayuda cuando lo precisan. Los que trabajamos en la zona rural siempre nos hemos sentido más identificado en lo social”, acota en tanto Claudia Barrios, quien –dentro de la fuerza- está como coordinadora de las capacitaciones.

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Además, en las propias zonas rurales los efectivos de la Rural suelen ser invitados a las escuelas para dar charlas de concientización a los chicos. Y, muchas veces, los chicos que participan y escuchan con atención son los hijos de las personas que, por una cuestión cultural, sigue creyendo que tienen derecho a cazar.

“La cultura de mucha gente del campo, por ejemplo, suele tener que ver con que tienen el derecho de cazar. Esto viene de generaciones anteriores, donde se cazaba para comer. Pero eso ya cambió hoy, y hoy hay todo un comercio detrás”, destaca la jefa de la Delegación del Valle de Uco, Edith González.

Por lo general, los chicos y docentes de las escuelas suelen quedar muy enganchados y fascinados con la temática y comprenden que la caza está prohibida. “También hay que eliminar esa idea de que solamente la gente del campo es siempre la dañina. Porque es muy común que vaya la gente de la ciudad y le pague o dé algo a cambio a los dueños de las fincas o campos para que los dejen entrar a cazar”, acota Hassar.

La palabra de uno de los creadores de la policía Rural: “Nació por el robo de caballos”

Jorge Ignacio Mansilla tiene 59 años y se retiró de la fuerza policial en 2011. Fue parte de la Policía Rural desde su creación (2005) y se desempeñó durante 3 años allí.

“Todos trabajábamos en lugares distintos, pero empezaron los casos de robos de caballos, episodios en que los mataban y los faenaban clandestinamente. Entonces surgió la idea de hacer algo y, junto a otros 3 compañeros, empezamos a darle forma”, rememora Mansilla a Los Andes. Y agrega que uno de los pioneros era un hombre de campo, que tenía debilidad por los caballos.

Fue precisamente ese dolor entre los dueños de los caballos lo que motivó a trabajar de forma puntual con esta problemática, que por entonces no paraba de crecer. “La gente del campo tenía un amor muy grande por los caballos, eran parte de su cultura. Y realmente dolía verlos sufrir cuando los perdían”, repasa Mansilla.

Apasionado por lo que eran los grupos especiales, y con la idea del súper policía en la cabeza, Jorge Mansilla comenzó a darle forma –en una hoja en blanco- a lo que en la actualidad es la Policía Rural de Mendoza.

Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza
Policía Rural: los guardianes en medio de la nada que combaten a cazadores furtivos y a ladrones de ganado. Foto: Gentileza

Si bien en un principio todo nació por el delito relacionado a los caballos, luego fue sumando más facultades. Grupo Operativo Táctico Rural fue el primer nombre que tuvo la repartición, aunque con la creación de las distintas “policías”, finalmente fue bautizada como “Policía de Seguridad Rural”.

“Cuando nos crearon, no teníamos a dónde ir. Dimos vueltas por un montón de lados, hasta que finalmente Maipú nos donó un terreno donde está el Parque Metropolitano. Recuerdo que uno de los primeros procedimientos de los que participamos permitió dar con un acopio de 12 caballos escondidos en un tanque australiano en La Primavera (Guaymallén). Estaba listos para ser vendidos ilegalmente”, repasa Mansilla.

Desde entonces, la Rural comenzó a afianzar vínculos con la Dirección de Recursos Naturales, con ganadería y con otras dependencias y actores vinculados a la temática (como, por ejemplo, la Fundación Cullunche, que trabaja en la rehabilitación de animales silvestres).

Luego de esos primeros procedimientos, la –por entonces- flamante Policía Rural de Mendoza comenzó a intervenir en procedimientos de domas y carreras clandestinas y hasta en un primer operativo que quedó en la historia: dar con un puma que merodeaba en la zona del Cerro de la Gloria. Finalmente, este felino pudo ser encontrado al amanecer y luego de una larga noche de vigilia.

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