19 de agosto de 2026 - 12:32

¿Mendoza está preparada para un terremoto devastador?: especialista detalla fortalezas y debilidades

: eUna especialista en gestión de riesgos advierte que los terremotos no pueden predecirse, pero sí es posible reducir sus daños. Las claves.

La seguidilla de terremotos registrados en distintos puntos del planeta durante las últimas semanas volvió a poner en foco el riesgo sísmico y a instalar una pregunta inevitable entre los mendocinos: ¿qué ocurriría si un sismo de gran magnitud afectara a la provincia?

Los movimientos registrados en Venezuela, Colombia, Indonesia y el sur de España generaron imágenes de edificios dañados, personas atrapadas, tareas de rescate y comunidades enteras alteradas. Aunque se trata de fenómenos ocurridos en regiones diferentes y sin una relación entre sí, la sucesión reavivó la preocupación en Mendoza, una provincia que convive históricamente con la amenaza sísmica.

La especialista en gestión de riesgos, Gloria Bratschi, remarca que no existen métodos científicos capaces de anticipar el momento exacto en que ocurrirá un terremoto. “No hay ‘pronósticos’ de terremotos, no se sabe –aún– cuándo nos sorprenderá un sismo de gran magnitud”, sostiene.

Sin embargo, eso no significa que no haya herramientas para prepararse. Según explica, los estudios permiten identificar las zonas con mayor recurrencia sísmica mediante el monitoreo de fallas geológicas activas y el análisis del movimiento de las placas tectónicas.

“Lo que sí es posible acceder es al conocimiento de qué zonas o regiones son las de mayor recurrencia sísmica, mediante el estudio y la investigación, el monitoreo de fallas geológicas activas y el análisis del movimiento de las placas tectónicas”, señala Bratschi.

Mendoza y una amenaza que forma parte de su historia

La especialista plantea que conocer la historia sísmica de una región es fundamental para desarrollar una verdadera gestión del riesgo. En Mendoza, esa memoria está marcada por episodios como el terremoto de 1861 y el sismo de 1985, que dejó miles de viviendas afectadas.

Terremoto de 1985.

Terremoto de 1985.

La provincia, además, cuenta con normativa específica para las construcciones. Bratschi destaca que Mendoza dispone de un Código de Construcciones Sismorresistente (CCSR/87), establecido por el Decreto Provincial N° 4235/87, que se complementa con los reglamentos nacionales INPRES-CIRSOC 103.

Para la especialista, contar con estas herramientas es fundamental, pero no alcanza por sí solo. “Es sustancial conocer también nuestra historia sísmica, para alimentar adecuadamente una eficaz ‘gestión del riesgo’, ya que el dato de terremotos del pasado nos permite reducir las vulnerabilidades y una mejor planificación para el desarrollo”, explica.

La preparación, agrega, debe incluir también a la población. La construcción de edificios resistentes, la planificación urbana y la existencia de protocolos de emergencia deben complementarse con una comunidad que conozca cómo actuar frente a un movimiento de gran intensidad.

“Algo similar puede ocurrir, pero no igual”

Las imágenes de las recientes catástrofes generan inevitablemente comparaciones con lo que podría suceder en Mendoza. Para Bratschi, esa preocupación es válida, aunque advierte que no resulta conveniente trasladar automáticamente las consecuencias de un terremoto ocurrido en otro lugar a la realidad local.

“Mientras más imágenes veamos sobre el terremoto de Colombia, o el de Venezuela, más iremos asociando que algo similar puede suceder en nuestra región”, señala. “Y sí, algo similar puede ocurrir. Pero no igual”.

La diferencia, explica, está determinada por las características geológicas, urbanas, constructivas y sociales de cada territorio. Por eso, considera más importante analizar cuáles son las vulnerabilidades existentes en Mendoza y qué medidas pueden adoptarse para disminuirlas.

“Es aconsejable no comparar, para poder enfocarnos en las vulnerabilidades que hay que reducir y promover resiliencia ante la amenaza sísmica”, afirma.

En ese sentido, la especialista advierte que el riesgo no está determinado solamente por la magnitud de un terremoto. El impacto depende también de las condiciones en las que encuentra a una comunidad.

"Lo que necesitamos urgente es tener una dirección o área de gestión integral de reducción de riesgo de desastres, que así lo tienen Colombia, por eso les fue mucho mejor en la respuesta. No lo tiene Venezuela, sí lo tiene México. Entonces, todo eso tiene que volcarse aquí a nuestra provincia de alguna manera", dijo.

El riesgo también está en las ciudades

Bratschi pone el foco en las ciudades como espacios donde se acumulan diferentes factores de exposición. Viviendas, edificios públicos, escuelas, universidades, hospitales, comercios, hoteles, restaurantes, vehículos, peatones, cables, cartelería y antenas forman parte de un entramado que puede multiplicar las consecuencias de un movimiento intenso.

“Quienes han nacido y viven en ese paisaje muchas veces no advierten que un ‘conglomerado de vulnerabilidades’ puede dañar en pocos segundos miles de vidas, si no es adecuadamente reducido”, sostiene.

La especialista explica que el crecimiento urbano acelerado y no planificado, junto con otros factores ambientales y sociales, ha incrementado el riesgo de desastres en diferentes ciudades del mundo. Por eso, considera que la prevención debe incorporarse a las decisiones de planificación y desarrollo y no aparecer solamente cuando ocurre una emergencia.

En ese punto, remarca una diferencia central: el terremoto es inevitable, pero el desastre no necesariamente lo es. “Destacamos que un terremoto interactúa con las condiciones de vulnerabilidad y exposición al riesgo sísmico, provocando graves daños humanos, materiales, económicos y ambientales que muchas veces superan la capacidad local de respuesta”, explica.

“Lo más grave y que es posible evitar, es la pérdida de vidas”, agrega. “Lo más grave y que es posible evitar, es la pérdida de vidas”, agrega.

El segundo desastre: qué ocurre después del temblor

Para Bratschi, uno de los aspectos menos visibles de una catástrofe es lo que sucede después del movimiento inicial. A la destrucción física pueden sumarse problemas de coordinación, dificultades para atender a los heridos, interrupciones de servicios, desorganización institucional y consecuencias económicas y sociales.

Es lo que define como un “segundo desastre", asociado a "un caos logístico, ruptura del equilibrio psicosocial, problemáticas institucionales, falta de coordinación en la atención de la emergencia, ausencia de planes de contingencia, afectación de la economía, etc.”, sostiene.

Por eso, la preparación no debería limitarse a saber qué hacer durante los segundos en los que se mueve la tierra. También implica contar con sistemas capaces de responder cuando el fenómeno ya ocurrió y la comunidad comienza a enfrentar sus consecuencias.

La prevención como herramienta clave

La especialista considera que la preparación comienza antes de que ocurra el sismo. Adoptar conductas preventivas permite que la población conozca el riesgo y pueda responder con mayor conciencia frente a una situación extrema.

“Si hemos adoptado conductas preventivas, comprendiendo muy bien qué es el riesgo sísmico, cuando tengamos que vivir un evento adverso, estaremos más conscientes del peligro con el que debemos convivir y al que necesitamos estar siempre adaptados”, plantea.

En esa línea, Bratschi insiste en que la resiliencia no depende únicamente de las autoridades o de los organismos de emergencia, sino que requiere de una construcción colectiva que involucre al Estado, las instituciones, los especialistas y la comunidad.

“Los terremotos son inevitables, pero los desastres que provocan no lo son”, resume. “Los terremotos son inevitables, pero los desastres que provocan no lo son”, resume.

LAS MAS LEIDAS