“Por eso celebramos hoy un santo que nos compromete”, sostuvo Colombo, al explicar que el San Cayetano de la tradición argentina ha sido resignificado “a la luz de la fe del pueblo argentino” y que esa figura trae consigo “la urgencia de la solidaridad, de la cercanía y de la fraternidad concreta entre nosotros”.
Una mirada sobre el presente
El arzobispo dedicó luego buena parte de su homilía a los tiempos actuales y a las discusiones que atraviesan a la sociedad.
“Los tiempos que vivimos nos están proponiendo idearios, propuestas en general, valoraciones en torno a algunas cosas que nos preocupan, que nos afligen”, planteó.
Colombo reconoció que existen discusiones legítimas acerca de la economía y del manejo de los recursos públicos. “Sabemos que no se trata de dejar de lado lo que es el orden de la economía o de ciertos criterios para la utilización de los recursos públicos”, afirmó.
Pero inmediatamente introdujo una definición sobre el papel que, a su entender, debe cumplir el Estado.
“También somos conscientes que el Estado al que le hemos dado todos nuestro asentimiento original como sociedad, es un Estado que se ocupa de su gente”, expresó.
Y profundizó: “Que no se desentiende y que suple en aquello que por distintos motivos de la vida las personas no tienen forma de acceder”.
La frase marcó uno de los pasajes más políticos —en el sentido amplio de la palabra— de la homilía. Sin referirse a una medida de gobierno concreta ni mencionar funcionarios, Colombo planteó una concepción del Estado como responsable de acompañar a quienes no pueden resolver determinadas necesidades por sus propios medios.
Pero el arzobispo no dejó esa responsabilidad exclusivamente en manos del Estado.
“Y junto al Estado está, por supuesto, la persona particular y están las instituciones y las iglesias y nuestra Iglesia para ponernos un poco entre todos el hombro”, afirmó.
La idea fue la de una responsabilidad compartida: Estado, ciudadanos, instituciones y comunidades religiosas formando parte de una misma respuesta frente a las dificultades.
“Para reconocernos parte de la solución”, resumió.
“Hay decisiones de laboratorio”
En otro de los pasajes más fuertes de la homilía, Colombo advirtió sobre el riesgo de tomar decisiones alejadas de la realidad cotidiana de las personas.
“Esta fiesta nos compromete pero nos hace abrir los ojos frente a tantas iniciativas que a veces desconocen el territorio concreto, las realidades concretas y que pueden solucionar las cosas desde los números, desde las planillas Excel, desde decisiones muchas veces de laboratorio”, sostuvo.
La referencia a las “planillas Excel” funcionó como una imagen concreta para marcar la distancia que, según planteó, puede existir entre las estadísticas y la vida cotidiana.
Frente a esa mirada, reivindicó el conocimiento de quienes viven en cada territorio.
“Lo concreto es que nosotros que habitamos los territorios, que somos parte, como les decía, de la solución, no bajemos los brazos”, pidió.
Y llamó a “trabajar”, a “ser solidarios” y a generar conciencia sobre cuestiones que consideró esenciales: “el valor de la vida humana, el cuidado del otro, el cuidado del bien común, de la casa común y de la esperanza”.
La esperanza fue, precisamente, otro de los ejes de su mensaje.
“Porque allí donde se acalle la esperanza todos empezamos a venirnos abajo”, advirtió.
La esperanza como respuesta
Colombo vinculó entonces su reflexión con el Evangelio proclamado durante la celebración. La cita bíblica, “No temas, pequeño rebaño”, le permitió trasladar el mensaje de San Cayetano hacia una invitación a no resignarse.
“No te asustes, no te vayas para atrás, animate”, expresó.
Y planteó una crítica a una sociedad que puede quedar atrapada en la necesidad de acumular o asegurarse individualmente el futuro.
“No te quedes con la idea de que hay que juntar nomás, compartir, no te pienses que hay que asegurarse tanto el futuro que no tengas presente”, dijo.
La respuesta que propuso fue otra: vivir, compartir y poner los propios dones al servicio de los demás.
“Viví, compartí, repartí vida, entregá tus dones”, pidió.
En ese punto, la figura de San Cayetano volvió a quedar ligada a una concepción comunitaria de la fe. Colombo habló de un “tesoro en el cielo” que “es para todos, no para algunos, no para los mejores, no para los que tuvieron suerte”, sino “para los que amaron, para los que soñaron, para los que abrieron el juego a la esperanza de todos”.
Del dato triste a “la película completa”
El cierre de la homilía volvió sobre la necesidad de no reducir la mirada sobre la realidad a los datos negativos.
“Honramos hoy a San Cayetano, para no quedarnos quizás con el dato triste, con algunas fotos de la realidad, sino con el deseo de la película completa”, sostuvo.
La imagen sirvió para resumir buena parte de su mensaje: reconocer las dificultades sin convertirlas en una condena definitiva.
“Mientras tanto construimos nosotros la realidad, la habitamos y la hacemos posible”, afirmó.
El pedido final fue coherente con toda la reflexión de la jornada. Colombo le pidió a San Cayetano que ayude a la comunidad a ser “más hermanos, más solidarios” y “más testigos de una esperanza en Cristo”.
Una esperanza que, en el mensaje del arzobispo, no aparece desligada de la realidad social. Por el contrario, se construye en el territorio, en el trabajo, en la solidaridad y también en la responsabilidad de las instituciones y del Estado frente a quienes quedan al margen de las posibilidades de acceder a una vida digna.