El viaje de un turista inglés que terminó en denuncia
La más reciente historia que involucra a M.A. comenzó el 12 de mayo pasado. El mendocino se desempeñaba como conductor de la plataforma y trasladó a un turista inglés (identificado con las iniciales O.A.M.) desde la Terminal de Ómnibus de Mendoza hasta la esquina de las calles Martín Zapata y Rodríguez (Ciudad de Mendoza), donde se encuentra el hostel en el que se alojaba.
El conductor trasladó al turista inglés desde la Terminal a un hostel, y el visitante se olvidó dos mochilas en el auto.
Archivo Los Andes
El pasajero se bajó y el conductor continuó trabajando. Fue recién después de completar otro viaje cuando otro pasajero le advirtió que habían quedado dos mochilas en la parte trasera del vehículo.
M.A. las guardó en el baúl y esperó que el dueño se contactara a través de la aplicación. Según explicó, ese era el procedimiento que suele seguir por protocolo con pertenencias olvidadas.
Sin embargo, el 14 de mayo el turista denunció ante la Policía Turística el robo de sus pertenencias y relató que el conductor se había retirado con su equipaje mientras él regresaba a la recepción del hostel para buscar su pasaporte.
Pero esa versión no coincidía con la reconstrucción hecha por M.A. y con el recorrido informado por la app.
Esperó el contacto de Uber y ofreció devolver las mochilas
Mientras aguardaba que lo contactaran desde el soporte técnico de la app, M.A. siguió trabajando. No tenía el teléfono personal del turista. Así las cosas, culminó su jornada, dejó las mochilas en su casa y entregó el vehículo a su propietario.
A la mañana siguiente, como nadie se había comunicado con él, decidió contactarse con Uber para exponer la situación. Desde la plataforma le informaron que el pasajero no había iniciado el reclamo correspondiente y le permitieron compartir su número telefónico con el turista.
El contacto se produjo minutos después. M.A. le explicó que había encontrado las mochilas gracias al aviso de otro pasajero y que las tenía guardadas. También le ofreció llevarlas personalmente ese día a donde estuviera.
El conductor estuvo un mes detenido en el penald e San Felipe y otros cuatro meses con prisión domicliaria.
Archivo Los Andes
Sin embargo, el inglés le pidió que se las entregara al día siguiente. La devolución finalmente se realizó el 14 de mayo, unas 48 horas después del viaje original.
Pero la historia no terminó allí. Lo que parecía ser el cierre de un episodio habitual para alguien que trabaja trasladando pasajeros se convirtió entonces en el comienzo de la causa penal.
El dueño de la mochila denunció la falta de pertenencias
M.A. fue hasta el hostel y entregó el equipaje. Poco después llegaron efectivos de la Policía Turística, y el dueño del equipaje revisó las pertenencias. Fue en ese momento cuando indicó que las mochilas estaban revueltas y que faltaban objetos.
Entre los elementos denunciados se destacaban prendas de abrigo, un pantalón de senderismo, cuatro camisetas deportivas, un poncho, un suéter de alpaca, una botella con filtro de agua y un Apple AirTag, un dispositivo que permite localizar objetos mediante tecnología de rastreo.
El hostel donde fue trasladado el turista inglés por el conductor de la plataforma.
Google Maps
El conductor aseguró que había devuelto todo tal como lo había encontrado. De hecho, la defensa de M.A. -representada por Ferraris y Josué Varela- hizo hincapié durante la causa en que la acusación había comenzado con la supuesta sustracción de las mochilas y luego se centró en la presunta desaparición de elementos que estaban en su interior.
En ese sentido. no era lo mismo comprobar que el turista había olvidado el equipaje que demostrar que su cliente había sacado los objetos.
Ante esta situación, la Policía se comunicó con la Oficina Fiscal de Capital. Cuando los investigadores verificaron que M.A. tenía antecedentes penales, el procedimiento cambió y el conductor fue trasladado para averiguación de antecedentes. Después quedó detenido.
Un AirTag tirado Las Heras y dos allanamientos negativos
El dispositivo de rastreo fue otro de los puntos que generó controversia. Según la denuncia, el AirTag indicaba una ubicación en calle Pedro Pascual Segura, en Las Heras (cerca de una estación de servicio).
En todo momento M.A. sostuvo que nunca había pasado por ese lugar, e incluso aportó los recorridos registrados por la aplicación. Cuando los efectivos fueron hasta el punto señalado, encontraron el dispositivo tirado en una vereda.
La defensa del conductor cuestionó que no hubiera elementos que permitieran demostrar quién lo había llevado hasta allí. De hecho, el aparato no había aparecido en la vivienda del conductor, en el automóvil ni entre sus pertenencias.
El conductor estuvo un mes en la cárcel de San Felipe.
Archivo Los Andes
También se realizaron dos allanamientos en la casa de M.A. y en la vivienda de sus padres, y no se encontró ninguna prenda u otro objeto denunciado.
Ferraris también cuestionó la violencia del operativo en la casa de su cliente, donde viven su esposa y sus tres hijos menores. Según relató, la puerta fue forzada mientras estaban dentro la hija menor del acusado y su suegro, quien padece alzhéimer.
Tras pasar un mes en San Felipe, el 14 de junio le otorgaron a M.A. prisión domiciliaria. Y así se mantuvo hasta este martes, imposibilitado de trabajar.
Un juicio con contradicciones
La causa llegó a juicio con distintas versiones sobre el recorrido y las circunstancias en las que el turista había dejado sus pertenencias.
En su denuncia inicial, O.A.M. había afirmado que pidió un Uber desde el hostel para ir a la terminal y que, mientras buscaba su pasaporte, el conductor se retiró con el equipaje. En cambio, M.A. sostuvo que, por el contrario, lo había trasladado desde la terminal hasta el hostel. Esa última versión coincidía con los registros de la aplicación, según la defensa.
La jueza absolvió al conductor por el beneficio de la duda: pese a su antecedente, no había pruebas que lo vincularan con los objetos denunciados como robados.
Imagen ilustrativa.
La defensa no descartó que podría haber existido un malentendido entre el conductor y el pasajero por la barrera idiomática, aunque también cuestionó las diferencias entre las declaraciones del denunciante y las de los policías que intervinieron en el procedimiento.
Además de las declaraciones de los involucrados, durante la audiencia también se exhibieron mensajes de WhatsApp relacionados con la comunicación y la devolución de las mochilas.
“¿Por qué se le cree al olvidadizo y no al trabajador?”
En sus alegatos, Ferraris y el codefensor Josue Varela insistieron en que no se había probado que los objetos denunciados estuvieran dentro del equipaje cuando quedó en el vehículo, que hubieran desaparecido mientras estuvieron bajo la custodia de su cliente ni que hubiera sido él quien los sustrajo.
“M.A. las resguardó y las devolvió”, fue el eje que atravesó el planteo defensivo. El abogado cuestionó que la sospecha se hubiera concentrado en el conductor pese a que reconoció tener las mochilas, ofreció devolverlas y finalmente las entregó de manera personal.
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También apuntó contra el peso que, a su entender, tuvieron los antecedentes del acusado. M.A. había sido condenado en un juicio abreviado por un episodio anterior, cuando persiguió armado a quienes habían robado la bicicleta de su hijo. Ferraris sostuvo que ese antecedente no podía reemplazar la prueba necesaria para demostrar su participación en un hecho nuevo.
“¿Por qué se le cree al olvidadizo y no al trabajador?”, planteó el defensor. Y advirtió que aceptar una imputación sin pruebas concretas podría sentar un precedente preocupante para cualquier conductor que encontrara pertenencias olvidadas en su vehículo.
La absolución y el regreso a casa (aunque sin pulsera)
El martes 20 de octubre, la jueza Colucci absolvió a M.A. del delito de hurto simple por el que había llegado a juicio. En la misma resolución, ordenó su inmediata libertad y dispuso que se levantaran los embargos, las inhibiciones y los pedidos vinculados con la causa.
La magistrada consideró que no se había podido acreditar que hubiera robado los objetos denunciados y que tampoco existían elementos que explicaran la presencia del AirTag en el lugar donde fue encontrado.