Todo empezó con una pequeña protesta en el centro de Damasco el 14 de marzo de 2011 y el conflicto pasó a ser una de las guerras civiles más cruentas de la historia reciente. Hoy transita por una tensa calma tras la última tregua.
Siria cumple cinco años de sangre
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Después de cinco años de derramamiento de sangre, con un cuarto de millón de muertos y millones de personas convertidas en refugiados, Siria ha llegado a un momento crítico: se ha establecido un marco diplomático para poner fin a la carnicería, el alto el fuego parcial de dos semanas se respeta y está previsto que en los próximos días se retomen las conversaciones de paz.
"Desde la distancia, todos los indicadores son buenos", dijo Bassam Barabandi, un exdiplomático sirio asentado en Washington que ahora trabaja como asesor político para la oposición. Pero es un momento sumamente delicado, y el camino que queda por delante sigue siendo largo, apunta. Pocos creen que los combates vayan a cesar por completo, y los esfuerzos podrían fracasar de nuevo en cualquier momento.
Las fuertes divisiones sobre el futuro del presidente Bashar Assad (ver despiece) amenazan con echar por tierra cualquier negociación en firme para una transición política en un futuro inmediato. El argumento en alza es que una división sería el mejor de los casos.
Con todo, sigue habiendo numerosos indicadores que señalan que la guerra ha alcanzado un punto en el que las armas podrían dejar paso a la política.
“Estamos terminando la fase uno y avanzando a la fase dos”, señala Barabandi.
El objetivo principal de la diplomacia: el deseo compartido internacionalmente de poner fin a una guerra que ha alentado a extremistas islámicos en todo el mundo, desestabiliza a los países vecinos e inunda Europa de refugiados.
“La opinión internacional se está alejando de la oposición y de la idea de un cambio político en Siria”, dijo Aron Lund, del Carnegie Endowment for International Peace y editor de Syria in Crisis. “Gran parte del mundo solo quiere estabilidad, acabar con los santuarios del terrorismo y frenar los flujos de refugiados. No quieren ver a Siria en la portada de los diarios por más tiempo”.
El triste aniversario
Cinco años han pasado desde que comenzó el levantamiento, primero con una pequeña protesta en el centro de Damasco el 14 de marzo de 2011, y más tarde con protestas más concurridas en la ciudad de Daraa, en el sur del país, en respuesta a la detención y tortura de estudiantes de secundaria que habían realizado una pintada contra el gobierno en una pared de la escuela.
Siguiendo el ejemplo de las revueltas de la llamada Primavera Árabe que derrocaron a dictadores en Túnez, Egipto y Libia, los manifestantes desataron el pánico en las bases del poder en Siria. Las fuerzas de seguridad respondieron a las protestas con fuerza bruta. En pocos meses, los disturbios derivaron en una insurgencia armada y el conflicto pasó a ser una de las guerras civiles más cruentas de la historia reciente.
A medida que Estados Unidos, Irán, la milicia Hezbolah, Arabia Saudí, Turquía y finalmente Rusia inyectaban armas y efectivo a los grupos enfrentados, la guerra ganaba en dureza. Se cometieron masacres a gran escala y cuadras enteras de grandes ciudades quedaron reducidas a escombros.
Durante todo este tiempo, Assad se ha mantenido inamovible defendiendo que está luchando contra el terrorismo. El auge del grupo extremista Estado Islámico y de la filial siria de Al Qaeda, el Frente Nusra, ha eclipsado el objetivo inicial de los activistas nacionalistas que querían terminar con una dictadura. “Toda esa historia no existe. No ocurrió. Solo fue propaganda”, dijo Assad en una entrevista reciente con la televisora alemana ARD.
Para los sirios de a pie que participaron en las protestas iniciales, hay todavía una sensación de desconcierto por lo rápido que se disipó todo, además de un sentimiento de pérdida inmenso e irreversible.
“Nunca imaginé que el régimen duraría hasta 2016”, cuenta Amer Matar, un periodista sirio que estuvo entre los activistas de la oposición que participaron en las primeras protestas. Fue detenido en dos ocasiones y torturado antes de salir del país, primero a Turquía y luego a Alemania, donde vive desde hace casi tres años. Su hermano Mohammad Noor desapareció tras ser secuestrado por Estado Islámico hace más de un año.
En tanto que el exembajador de Estados Unidos en Siria, Robert Ford, sostiene que él, como muchos otros diplomáticos veteranos, subestimaron la capacidad del gobierno sirio para sobrevivir tanto tiempo y no imaginaron que Irán, Jezbolá y Rusia intervendrían con tanta contundencia en favor de Assad.