1 de junio de 2017 - 00:00

Salía de memoria

El “Bolita” Quintana, el “Negro” Zolorza y el “Chochina” Olguín integraron un mediocampo que quedó grabado a fuego en la historia de Gimnasia. Ninguno de los tres siguió ligado al fútbol. Aquí nos cuentan cómo se ganan la vida hoy.

Tienen un recorrido singular juntos. Entraron por la puerta grande a la historia del fútbol vernáculo cuando integraron ese mediocampo imborrable de un Gimnasia y Esgrima que en la década de los '80 ganó casi todo lo que se propuso. Fueron muchos años de gloria. Y tan fijado en la memoria del hincha mendocino había quedado ese mediocampo exquisito, que Atlético Palmira quiso darse un gustazo en 1994 y volvió a juntarlos de la mano de Jorge Julio. ¿El resultado? No podía ser otro: el Jarillero se consagraba campeón y retornaba a la primera división. 

Oscar Quinta, el Negro Zolorza y el Cochina Olguín, un tridente ganador. Hoy, lejos del ambiente del fútbol profesional, se ganan la vida como pueden.

“El futbol por ahí nos paga con monedas falsas. Los exjugadores vivimos, por ahí, momentos de ingratitud. Para el jugador de fútbol es difícil reinsertarnos en un trabajo que no esté ligado al futbol. En muchas casas de comercio yo iba a comprar ropa y no me la cobraban porque era el Cochina Olguín. A esa misma gente luego le pedí trabajo, un lugar para vender ropa o un puesto para atender su negocio y te hacen la vista gorda”, confiesa con dolor Olguín.

“Trabajé en un remis durante diez años. Primero, contratado, y luego, con auto propio, tuve la mala fortuna que me lo robaron. Había que empezar de otra manera y en otras condiciones. Ahora trabajo en una panadería con unos amigos. Empecé haciendo repartos y hoy en día soy cajero. Hace un año, además, que estoy a cargo de las canchas de Gimnasia. Los dirigentes me dieron un lugar y estoy trabajando en el club. Estoy feliz acá porque este es un lugar que quiero”, confiesa el Cochina quien junto a Zolorza trabajan en la ripiera de Eduardo Salem Nazar mientras eran futbolistas profesionales de Gimnasia. Quintana, en tanto, tenía un reparto de soda.

“Ahora tengo una despensa en mi casa. Y además trabajo de miércoles a sábado en una sandwichería de un amigo en el barrio Unimev. Atiendo el teléfono, estoy bien”, cuenta Zolorza.

“Yo terminé de jugar un partido contra Huracán acá en cancha de Gimnasia donde ganamos 2 a 1, hice el segundo gol me acuerdo, y no vine nunca más. No quería saber más nada con el fútbol. Ya me cansó. Desde el 2001 que trabajo en el Hospital Del Carmen, donde empecé como camillero, luego pasé al conmutador y hoy estoy en Estadísticas”, agrega Quintana.

-El hincha los recuerda mucho a ustedes...

-Hay gente que es de la contra (Independiente) y me cuentan en la panadería donde trabajo que me han insultado mucho y un hombre me contó que áun conserva unas vendas mías que yo se las había dado en el campeonato de 1984. (Oscar Olguín)

-Mi sobrina cuando dijo su apellido en la escuela le dijeron si tenía algo que ver conmigo. “Traé a tu tío y tenés las tortas gratis todo el año”, le dijeron el kiosco. Fui a sacarme fotos... (Raúl Zolorza)

Formaron parte del gimnasia campeón invicto de 1986

Los comienzos de los años ochenta significaron para Gimnasia y Esgrima una supremacía por demás sobre el resto, ya que en 1980, 1981, 1982, y 1983 logró en forma consecutiva hacerse con el campeonato mendocino y obtener así un total de dieciséis torneos en su palmarés, mientras que en 1986 logró el decimoséptimo con un sabor especial: campeón invicto.

Quintana, Zolorza, Olguín ya dejaban su huella imborrable en un mediocampo de primera.

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