19 de marzo de 2015 - 00:00

Rumbo a conflictos y más aislamiento

Con la aparente reelección de Benjamin Netanyahu, Israel se enfila hacia un enfrentamiento cada vez más fuerte con el mundo. Su partido Likud depende de los ultranacionalistas para formar una coalición de gobierno, lo cual no augura estabilidad ni medidas audaces para lograr la paz en el Oriente Medio.

Comienza un período de negociaciones. Aun con el apoyo de aliados derechistas y religiosos, el Likud de Netanyahu tiene 57 de las 120 bancas del Parlamento. Debe atraer a Moshe Kahlon, un debutante en los primeros planos de la política israelí. Kahlon se fue del partido nacionalista Likud hace dos años, después de reñir con el primer ministro, adoptó un programa vagamente centrista y coqueteó con la

Unión Sionista de Isaac Herzog, una agrupación moderada. Si es, como dice, un no alineado, podría inclinar la balanza entre los bloques tradicionales de derecha e izquierda, cada uno de los cuales tiene poco menos de la mitad de la Knesset.
Muchos creen que el ex dirigente del Likud se encontraría en una posición incómoda al inclinarse por la oposición a menos que el partido de Herzog tuviera una ventaja de varias bancas sobre el partido oficialista. Si Kahlon apoya a Netanyahu, el intransigente premier obtendrá un cuarto período, colocándolo a la par de David Ben Gurion, el fundador de la nación.

Esto no sería un buen augurio para el proceso de paz con los palestinos o para un acercamiento entre Israel y la región, algo que parecería estar al alcance de la mano en una época en que, para muchos vecinos árabes, el miedo al extremismo yihadista puede más que la enemistad con Israel.

Durante la era de Netanyahu, Israel ha profundizado su penetración en Cisjordania, al sumar tantos asentamientos que en poco tiempo el territorio podría volverse inseparable del estado judío propiamente dicho. Sumados a los que viven en la zona ocupada y anexada de Jerusalén oriental, hay unos 600.000 judíos en tierras ocupadas.

El aislamiento internacional asoma sobre el horizonte.

Netanyahu es consciente de este panorama y podría tratar de atraer a Herzog para darle a su gobierno un carácter más moderado.

Kahlon aparentemente detesta a Netanyahu y sin duda tiene el poder para coronar a Herzog, un abogado descendiente de una familia venerable de fundadores del sionismo. Su plataforma y sus lugartenientes son moderados, y apoya la idea de mantener conversaciones de paz.

Este es el tema que define la política israelí desde la guerra de 1967, en la cual el estado judío se consolidó como una potencia regional pero quedó con el bagaje de los territorios palestinos ocupados de Gaza y Cisjordania. Israel se retiró de Gaza en 2005, pero para muchos ese territorio, gobernado por la milicia Hamas y totalmente bloqueado por Israel y Egipto, sigue formando parte de la ecuación.

Los partidos de izquierda quieren canjear tierra por paz y permitir la creación de un Estado Palestino. Dicen también que esas tierras son un pasivo porque la incorporación de millones de palestinos destruiría a Israel como estado de mayoría judía.

La derecha destaca el valor estratégico de los territorios así como su simbolismo bíblico e impulsa constantemente los asentamientos judíos. Paradójicamente, gracias a su éxito en este emprendimiento, los judíos están en camino de dejar de ser la amplia mayoría en el país.

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