26 de abril de 2014 - 21:32

Revolucionaron la relación con la comunidad judía mundial

Juan XXIII declaró que la muerte de Cristo no podía ser atribuida los judíos. Juan Pablo fue el primer Papa en visitar una sinagoga.

El papa Juan XXIII y el papa Juan Pablo II revolucionaron las relaciones de la Iglesia Católica hacia los judíos, eliminando el antagonismo que otrora era doctrina oficial, mediante pronunciamientos oficiales y gestos personales.

Así, Angelo Roncalli, quien luego fuera el papa Juan XXIII, fue embajador del Vaticano ante Grecia y Turquía durante la Segunda Guerra Mundial y fue testigo del Holocausto. Se dice que salvó a decenas de miles de judíos que vivían en Europa oriental, al conseguirles visados y certificados de nacimiento falsos.

Juan Pablo, nacido Karol Wojtyla, se crió en Wadowice, Polonia, un poblado cerca de Cracovia y no muy lejos del campo de concentración de Auschwitz. Wadowice tenía una gran población judía y había varios chicos judíos en la escuela de Wojtyla.

Uno de ellos siguió siendo amigo del pontífice: Jerzy Kluger, quien sobrevivió al Holocausto a pesar de perder a toda su familia, quien se fue vivir a Roma después de la guerra. Con frecuencia, Juan Pablo II le invitaba a cenar al Vaticano.

Uno de los documentos más importantes surgidos del Concilio Vaticano Segundo, convocado por Juan XXIII, fue el llamado “Nostra Aetate”, que revolucionó las relaciones de la Iglesia con los judíos al declarar que la muerte de Cristo no puede ser atribuida colectivamente a los judíos, que los judíos no son un pueblo rechazado por Dios y que todo tipo de antisemitismo es deplorable.

El Vaticano, bajo el papa Juan XXIII, aprobó borrar de la plegaria del Viernes Santo, el adjetivo “pérfidos” que se usaba para referirse a los judíos.

Juan Pablo II fue el primer Papa que visitó una sinagoga (y por cierto, el primero en visitar una mezquita también), y ordenó el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, en 1994.

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