Robert Gerald Mondavi (1913-2008) nació en Minnesota pero sus padres se mudaron a California aún siendo Robert un niño. Como su padre comenzó allí una empacadora de uvas cerca de Fresno, especialmente uvas para vinificar que enviaba al Este, desde temprano su vida se vinculó al campo, la uva y el vino ya que, más tarde, su padre adquirió, junto con Robert y su hermano Peter, la bodega Charles Krug.
Robert se desvinculó de la bodega por desencuentros comerciales con su hermano y su madre, para iniciar actividades personales con la bodega que lleva su nombre.
Con su primera mujer tuvo tres hijos que estuvieron vinculados con su padre en la bodega familiar. Luego se casó con Margrit Biever, que lo acompañó hasta su muerte y que participó activamente en la promoción de sus vinos.
Estuve con Mondavi en tres oportunidades que recuerdo con placer: primero, porque reconocí en él una personalidad admirable, inquieta, casi inocente. Además, porque me dejó consejos y anécdotas que siempre he tenido presente.
Bodega Norton. La primera reunión fue un almuerzo en la bodega Norton en febrero de 1991. Mondavi había venido a Mendoza y pidió visitar cuatro bodegas, entre ellas Norton. Con mi mujer Estela estuvimos pensando el menú, descartando el asado, que supusimos se les ofrecería a los Mondavi en cada ocasión posible.
Estela sugirió taglierini alla checca, una pasta muy difundida en el norte de Italia servida con una salsa de tomates frescos, albahaca, aceite de oliva y ajo, todo preparado en crudo, ideal para el verano.
Nuestra duda era presentarle un plato de pasta fuera de su casa o de Italia, pero Estela se aventuró. Cuando terminaba su segundo plato, Mondavi pidió una cuchara para terminar la salsa, porque ¡así terminaba siempre ese plato que preparaba su madre!
Antes del almuerzo le presentamos los vinos que hacíamos, incluyendo algunos viejos sacados del sótano. Al irse, Mondavi me felicitó porque los vinos se habían presentado con sus etiquetas: “Nunca le presto atención a muestras que no son vinos comerciales”, dijo. Al terminar, Mondavi pasó por una experiencia inédita para él pero de la que ya había oído: tomó mate.
Wappo Hill. Unos meses más tarde, en julio, acompañé a mi hijo Patricio cuando empezaba sus estudios para lograr el título de master en la Universidad de California en Davis.
También estaba Steve Rasmussen, a quien tuvimos como asesor en Norton en los dos últimos años en los que estuve en la bodega. Nos invitó a un almuerzo en su casa de Wappo Hill, un aislado cerro en el medio del Napa Valley desde donde la vista del valle es única.
La mesa estaba en la sala de estar, que tenía en el centro una pileta de natación y su techo era corredizo. Tanto el menú como los vinos que lo acompañaban hicieron de la reunión algo inolvidable.
Robert Mondavi Winery. En setiembre de 1993, estando en Napa, le envié un saludo que retribuyó con una invitación a almorzar en la bodega. Con Estela estábamos acompañados por Pedro y Liliana Mayol, que también fueron parte del ágape.
La mesa estaba dispuesta en el centro de una sala donde se exhibían cuadros de una exposición especial. Los turistas, sorprendidos, sacaban fotos de los comensales pero en ningún momento nos dirigieron la palabra.
Cuando nos fuimos, nos quedamos pensando en por qué no habíamos almorzado en un salón privado pero luego llegamos a la conclusión de que una de las tareas más importantes de Robert era estar presente: “Mondavi estaba almorzando con unos invitados”, sería algo que esos turistas recordarían al mostrar sus fotos.
Al comentarle que habiendo dejado Norton emprendía un proyecto propio, me dijo: “Ricardo, no hagas tu mejor vino con la primera añada porque de ser así, ¿qué harás luego? El mejor vino es el que está entre ceja y ceja, que está metido en tu cabeza pero al que nunca llegarás”.
Robert Mondavi fue la persona que más hizo para lograr que el vino fuera disfrutado en una gran parte del mundo, especialmente en países sin una tradición regional en el consumo de los vinos que se producen en esas regiones. Siempre consideró que el vino no es una bebida alcohólica más sino un elemento fundamental de la alimentación, una parte fundamental de una comida.