Alemania y Suecia, los dos grandes receptores de refugiados en Europa, muestran su agotamiento por el largo proceso.
Alemania y Suecia, los dos grandes receptores de refugiados en Europa, muestran su agotamiento por el largo proceso.
Las personas que escapan de los países en conflicto proceden, principalmente, de Siria, Afganistán, Kosovo e Irak, pero también contingentes del norte de África.
La canciller germana Angela Merkel logró destrabar un acuerdo para endurecer el derecho al asilo. Berlín quiere acelerar las expulsiones de los inmigrantes sin estatus de refugiado y dificultar la reagrupación familiar. Suecia, que anunció en noviembre el traumático fin de su política de puertas abiertas, calcula que expulsará este año a entre 60.000 y 80.000 personas, según afirmó su ministro del Interior, Anders Ygeman.
En tanto, al menos 33 personas, entre ellas varios niños, han perecido ayer ahogadas, cuando una embarcación llena de refugiados naufragó frente a la costas occidental de Turquía, en aguas del mar Egeo.
El acuerdo de los tres partidos que gobiernan Alemania llega en uno de los momentos más calientes para la gran coalición, cuya imagen se ha visto muy deteriorada estos días por las disputas internas. El punto más controvertido era la reagrupación familiar, que finalmente se congela durante 2 años para aquellos refugiados no amenazados directamente en su país de origen. Pese a las disputas, de lo que no había duda era que el nuevo paquete legal facilitaría las expulsiones.
Y, según lo acordado en Berlín, estas afectarán sobre todo a marroquíes, argelinos y tunecinos.
La nueva considerará a los países del Magreb (la región norte del continente, conformada por Mauritania, Marruecos, Argelia, Libia, Túnez y Sahara Occidental) como seguros, lo que debe facilitar la expulsión de sus ciudadanos.
En esta decisión han jugado un importante papel los ataques que desconocidos, muchos solicitantes de asilo, practicaron contra mujeres en Colonia (la cuarta ciudad más grande de Alemania), la pasada Nochevieja. La mayor parte de los sospechosos venían de Marruecos y Argelia.
No es la primera vez que el Gobierno de Merkel amplía la lista de países seguros para facilitar la expulsión de inmigrantes.
Antes lo hizo con Kosovo, Albania y Montenegro. Pero los cambios legales no aseguran la expulsión automática. Primero, porque el derecho al asilo es individual. Y segundo, por las dificultades prácticas que conllevan las deportaciones. “Para expulsar a alguien, se necesita el acuerdo del país de origen, algo que muchas veces no ocurre. Y además, muchos solicitantes de asilo no tienen documentos identificativos, lo que complica mucho la devolución”, explicó Angeliki Dimitriadi, experta en migración del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).
Así se explica que el Gobierno alemán haya amenazado con cortar la ayuda al desarrollo a aquellos países que no colaboren. El ministro del Interior, el democristiano Thomas de Maizière, defendió la expulsión de afganos con el argumento de que el país recibe muchas ayudas económicas.
“Podemos esperar que se queden en su país”, apuntó.
Y al devolver a sus orígenes a los que no reciben asilo también se va a aplicar a fondo Suecia, que prevé expulsar a entre 60.000 y 80.000 personas a las que se les deniegue el asilo, según anunció en una entrevista en el diario Dagens Industri. De las 163.000 solicitudes de asilo recibidas en 2015, el número más alto en relación con la población en Europa, se han tramitado 58.802, de las que el 55% fueron aceptadas.
Aviones fletados
El ministro del Interior, Anders Ygeman, declaró que el gobierno de su país utilizará vuelos charter para su deportación durante varios años. “Creo que vamos a ver más aviones fletados, especialmente bajo los auspicios de la UE”, declaró. Hasta ahora, las deportaciones se hacían en vuelos regulares.
El Ejecutivo sueco recuerda que los que han visto denegada su petición en firme (pueden apelar en los tribunales) deben abandonar voluntariamente el país y "a todos se les se les ayuda a organizar y pagar el viaje".
Aduce también que el número de refugiados aceptados se va a incrementar este año ya que “muchos solicitantes de asilo procedentes de Siria y Afganistán (los que reciben permisos de residencia en mayor medida) no han visto aún sus casos examinados”. La Agencia de Migración sueca tarda 229 días en tramitar las solicitudes.
Para el Ejecutivo socialdemócrata y verde de Suecia fue traumático anunciar el fin de su generosa política de asilo. "Me duele que Suecia no sea ya capaz de recibir más refugiados”, dijo el primer ministro, Stefan Löfven, en noviembre, junto a su viceprimera ministra, Åsa Romson, de Los Verdes, que no podía contener las lágrimas.
Según un reciente informe del FMI, Suecia fue el país europeo que más esfuerzo económico realizó el pasado año para atender a los refugiados: el equivalente al 0,5% de su PIB. Y prevé que este año llegue al 1%. Alemania, que dedicó el 0,2% en 2015, llegaría al 0,35% en este ejercicio.
Salvaje: proponen disparar contra los que ingresan
Frauke Petry, jefa del partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD), protagonizó una nueva polémica al justificar el uso de armas de fuego en las fronteras para frenar la entrada de refugiados al país en casos extremos.
"Necesitamos controles amplios para impedir que sigan ingresando refugiados no registrados desde Austria”, exigió la dirigente en una entrevista con el diario Mannheimer Morgen. Los policías deben impedir cruces ilegales en la frontera, “en caso necesario también usando armas de fuego. Así figura en la ley”, añadió Petry.
“Ningún policía quiere disparar a un refugiado. Tampoco yo. Pero como último recurso hay que usar las armas”. La posición de Petry fue repudiada desde todos los sectores de la vida pública germana.