16 de marzo de 2013 - 22:09

Sus primeros gestos son actos iluminadores

Lo primero que debo decir, es que a mí me sorprendió su elección. No había seguido muy atentamente los comentarios sobre el proceso electoral del Colegio Cardenalicio, pero la opinión de los “expertos” y opinólogos multimediales no le signaban casi chance. Después de anoticiarme, comencé a encontrar aspectos muy interesantes en el proceso de elección, como es su celeridad y rápido consenso, y los primeros gestos de Francisco me fueron despertando una expectativa dormida, sobre una esperanza latente de que la Iglesia Católica saliera de una larga hibernación.

Creo que los análisis locales sobre ganadores y perdedores, impacto político en la Argentina y otras yerbas, no tienen el menor asidero y constituyen para los extremos de siempre, el árbol que no deja ver el bosque. Su elección no tiene nada que ver con la realidad argentina. Mi lectura actual, con todavía muy pocos indicadores, es muy esperanzada. La hago en mi doble condición de católico y dirigente, ya que para mí ello es inescindible.  Como católico me obliga a mirar atentamente a la Iglesia, que en mi entender estaba perdiendo totalmente su concepción de “Pueblo de Dios” para recluirse en su estructura jerárquica, acompañada de laicos, que por su fe, por obediencia debida o por conveniencia, se negaban a abrir el debate sobre su futuro.

Cuando me refiero al debate, no lo hago en la perspectiva de quienes reclaman que la Iglesia cambie, en la certeza de que aunque cambie en el sentido que reclaman, tampoco van a participar de ella, porque la ven como su enemigo inexorable. Lo digo en la consideración de qué piensan los católicos, los cristianos y las otras religiones, sobre su responsabilidad en el mundo. No interpreto “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” como un mandato a rechazar al mundo y recluirse en islas, en preparación para el otro mundo. Creo en la Iglesia como Pueblo de Dios y con alta responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa, digna y solidaria.

Creo que el cardenal Bergoglio se acabó y que advino el Papa Francisco.

Como dirigente entiendo que la dura realidad de hoy se mide mucho más por los gestos que por las palabras, y sus primeros gestos se convierten en signos esperanzadores. La cruz de hierro, el anillo de bronce, la utilización de micros en cambio de limusinas, la expulsión del cardenal encubridor de pederastas, la reacción desacomodada del primer ministro inglés sobre Malvinas, la alegría de los pueblos del mundo, son actos iluminadores.

La tarea en este mundo que hizo Juan Pablo II, ayudando a derrumbar la soberbia ideológica de una revolución de nomenclaturas, continuará con la tarea de Francisco, que dará luz sobre la crisis del sistema global, que basado en la creencia de que el capitalismo había triunfado, percibe que se desmorona irremediablemente. Es que la lógica que el hedonismo mueve al mundo, en la comprensión de que los humanos privilegiamos satisfacer las necesidades materiales, esconde la diferencia entre necesidades básicas insatisfechas y la opulencia hiriente. La creciente brecha entre ricos y pobres entre países y dentro de las naciones, es insostenible.

El primer Papa no europeo de la Iglesia explica la necesidad de un fuerte cambio. Que Francisco, inmediatamente de elegido, le solicite a los cardenales caminar y proclamar a Cristo, es un nuevo comienzo. Sus signos serán desde la Iglesia como opción preferencial por los pobres, pero llegarán a todos los rincones del mundo.

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