20 de agosto de 2013 - 16:52

La "primavera árabe” se transforma en un gélido invierno de muerte y destrucción

Egipto, Siria y Libia viven sumidos en la violencia, la destrucción, el hambre y las revueltas. Túnez vive en un bloqueo político y Yemen avanza a duras penas supervisado por la ONU.

La sangrienta represión en Egipto, la guerra civil en Siria o el bloqueo político en Túnez muestran que la primavera árabe desembocó en una etapa de violencia que amenaza con intensificarse ante la falta de madurez de las nuevas clases dirigentes, según los expertos.

"Los países árabes entran en un período de turbulencias y de cambios que, probablemente, debería ver más violencia interior, polarización y competencia regional", considera Emile Hokayem, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de París.

En Egipto, casi 900 personas, en su mayoría manifestantes que apoyaban al derrocado presidente Mohamed Mursi, murieron en seis días y la espiral de violencia se aceleró el lunes con la muerte de 25 policías en un atentado en la inestable península del Sinaí.

La crisis ya eliminó casi todas las conquistas del levantamiento contra Hosni Mubarak en 2011, especialmente "el multipartidismo, con la entrada de los islamistas en política y las primeras elecciones democráticas", señala Sophie Pommier, profesora del Instituto de Estudios Políticos de París.

"Egipto va hacia el fracaso. Los actores son incapaces de compromiso político", considera esta especialista en Egipto.

El jefe del ejército y nuevo hombre fuerte de Egipto, el general Abdel Fatah al Sisi, anunció el domingo que su país no cederá ante los "terroristas" y el guía supremo de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie, fue detenido este martes.

"Si se disuelve la cofradía (de los Hermanos Musulmanes), se cruza la línea roja", asegura Pommier.

"La gran cuestión es saber si la comunidad internacional repetirá también sus errores por miedo al islamismo o dará un golpe sobre la mesa indicando a los militares que nadie más es víctima de este tipo de estrategia", analiza.

Para Hokayem, los levantamientos en el mundo árabe "mostraron la inmadurez política de las principales facciones políticas", como refleja la breve experiencia de los Hermanos Musulmanes en el poder en Egipto, donde apartaron a los segmentos de la sociedad con los que deberían haber contado.

Más crítica es la situación en Siria, país en el que, según la ONU, la violencia dejó más de 100.000 muertos y cerca de 2 millones de refugiados desde marzo de 2011, cuando comenzó una revuelta popular que, frente a la represión del régimen de Bashar al Asad, se transformó en una guerra civil.

"Nadie puede ganar en Siria. Asad puede sobrevivir a medio plazo y esperar que sus enemigos se debiliten" ante la incapacidad para ganar la guerra, subraya Hoyakem, que acaba de publicar un libro sobre el levantamiento sirio.

Para él, "un desmembramiento formal de Siria es poco probable", pero va tomando forma "una partición lenta de facto del país en varias pequeñas entidades".

Para Nadim Shehadi, experto de Chatham House (Real Instituto de Asuntos Internacionales, basado en Londres), todavía habrá más violencia en Siria y en Egipto en la medida en que los "antiguos regímenes saben manipular la violencia".

Libia también tiene dificultades para recuperar la estabilidad, ya que el antiguo régimen de Muamar Gadafi "destruyó todas las instituciones del país", según Shehadi.

En Túnez se vive un bloqueo político porque ni la oposición ni los islamistas en el poder ceden en sus reivindicaciones a pesar de las negociaciones directas e indirectas.

Solo Yemen, el único país en el mundo árabe donde el levantamiento desembocó en una solución negociada, avanza a duras penas en el proceso de reconciliación política supervisado por la ONU.

Sin embargo, el diálogo nacional, que finalizará en septiembre, está bloqueado por la espinosa cuestión sudista y todavía no está garantizado que las elecciones generales se puedan celebrar en febrero de 2014, como estaba previsto.

"Se necesitarán años, si no décadas, para que la cultura política del mundo árabe reconozca que solo los mecanismos de la democracia no bastan y que es necesario que adopte los valores de tolerancia y de inclusión", estima Hokayem.

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