El presidente sirio Bashar al Assad excluyó, una vez más, dejar el poder y fustigó el apoyo británico a los insurgentes, que ayer tomaron prácticamente el control de la academia policial de Alepo matando a 34 soldados, muestra de que el conflicto que estalló hace casi dos años no desfallece.
En una entrevista que publicó este domingo The Sunday Times, Assad descartó ceder el poder pero se dijo dispuesto a dialogar con los opositores si estos aceptan dejar las armas, en momentos en que la ONU se dijo dispuesta a “facilitar un diálogo” entre el gobierno y la oposición siria.
“Estamos dispuestos a negociar con todos, inclusive con los activistas que depongan las armas”, aseguró el mandatario. “Podemos dialogar con la oposición, pero no podemos entrar en diálogo con los terroristas”, añadió.
A finales de febrero, el ministro sirio de Relaciones Exteriores, Walid al Muallen, evocó por primera vez la posibilidad de entablar un diálogo con los rebeldes armados para poner fin al conflicto que, según la ONU, ha cobrado la vida de más de 70.000 personas y provocado el exilio de cerca de un millón de sirios.
A fin de resolver el conflicto en Siria, los occidentales, varios países árabes, Turquía y la oposición siria piden la salida de Assad del poder.