Después de un agitado día, llega el ansiado momento de cerrar los ojos y dejar que el sueño nos reconforte y recargue nuestra energía para enfrentar el siguiente día. Pese a la oscuridad de nuestra habitación, hay luces que igualmente vemos, cuyas formas y origen desconocemos. ¿Qué son esas "hormigas luminosas" que observamos con los ojos cerrados?
La retina, órgano que capta la luz y la transforma en estímulos eléctricos, brinda una oscuridad que está habitada, en realidad, por fosfenos. Se trata de destellos que se perciben aunque no haya luz en el exterior, a causa de la estimulación de la retina y de la corteza visual, y que surgen de la excitación basal de nuestro sistema visual.
"Una vez que el ojo se ha adaptado a la oscuridad, y particularmente si uno se relaja, el campo visual se ilumina: nubes etéreas y partículas de luz aparecen, generalmente con tonos pasteles de azul, verde, naranja y amarillo. Si uno se aprieta los ojos, aparecen figuras", explicó en 1970 el físico Gerald Oster, en declaraciones citadas por el diario ABC de España.
Percibimos "hormigas luminosas" que adquieren variadas formas y que parecen seguir patrones geométricos, aunque no sólo cuando cerramos los ojos para descansar. Si nos frotamos los ojos, el efecto de los fosfenos es todavía más intenso: aparecen figuras geométricas que se mueven, arcos luminosos de distintos colores y hasta una lluvia de estrellas.
Algunos investigadores aseguran que los fosfenos aportan información sobre cómo funciona el sistema nervioso y hasta suponen que conseguir inducirlos en personas ciegas de nacimiento es un camino para curar la ceguera, aunque todavía sus conjeturas carecen de certeza.
Lo que sí es cierto es que en el campo visual aparecen pequeños puntos de luz que parecen estrellas en movimiento, cuyo motivo se relaciona a un estímulo mecánico o a una provisional escasez de glucosa o oxígeno, que estimulan a las neuronas del sistema visual.