A muchos les habrá pasado: regamos las plantas, parece que todo está bien y, pocas horas después, encontramos el sustrato seco y las hojas algo caídas. Antes de pensar que estamos haciendo algo mal, hay que tener en cuenta que una planta cultivada en maceta vive en condiciones muy diferentes a una que está directamente en el suelo.
El volumen de sustrato disponible es mucho menor, las paredes del recipiente pueden calentarse y la evaporación suele ser mayor. A esto se suman otros factores, como el material de la maceta, su color, la cantidad de sol que recibe, el viento, el tamaño del recipiente y el desarrollo de la propia planta.
Las macetas se calientan más que el suelo
Uno de los principales inconvenientes de cultivar en recipientes es que las raíces quedan mucho más expuestas a los cambios de temperatura.
Cuando una planta crece directamente en el suelo, la tierra tiene una mayor capacidad para amortiguar las variaciones térmicas. A medida que aumenta la profundidad, la temperatura suele mantenerse más estable y las raíces quedan más protegidas de la radiación solar directa.
En una maceta ocurre algo diferente. Sus paredes reciben directamente el calor y, si el recipiente permanece varias horas expuesto al sol, puede alcanzar una temperatura considerable. El calor se transmite hacia el sustrato y termina afectando la zona donde se encuentran las raíces.
Cuando el sustrato se calienta demasiado, las raíces pueden disminuir su actividad y tener mayores dificultades para absorber agua. Por eso, una planta puede mostrar signos de decaimiento incluso cuando todavía queda algo de humedad dentro de la maceta.
El problema puede ser especialmente evidente en balcones, terrazas, patios o ventanas que reciben muchas horas de sol directo.
Cuanto menos sustrato, menor reserva de agua
El tamaño de la maceta también es determinante.
Una planta que crece directamente en el jardín puede extender sus raíces en distintas direcciones y acceder a zonas más profundas donde todavía existe humedad. En cambio, cuando está dentro de un recipiente, su sistema radicular queda limitado por el espacio disponible.
Una vez que se consume el agua almacenada en ese pequeño volumen de sustrato, la planta no tiene dónde buscar más.
Por eso, las macetas pequeñas suelen secarse mucho más rápido que las grandes. Un recipiente de dimensiones reducidas contiene menos tierra y, por lo tanto, tiene una capacidad menor para almacenar agua.
Además, a medida que la planta crece, también aumenta su sistema radicular y puede incrementarse la cantidad de agua que necesita. Si las raíces ocupan prácticamente todo el interior de la maceta, queda cada vez menos sustrato disponible para retener humedad.
El tamaño de la planta también influye
No todas las plantas que están en una misma maceta consumen la misma cantidad de agua.
Una planta pequeña puede mantenerse durante más tiempo con la humedad disponible en el sustrato, mientras que un ejemplar grande, con muchas hojas y un sistema radicular desarrollado, puede utilizar esa reserva con mayor rapidez.