La llegada de la primavera y el verano suele favorecer la proliferación de numerosos parásitos que pueden afectar a la salud de tus mascotas. Pulgas, garrapatas, mosquitos y otros organismos pueden provocar desde molestias en la piel hasta enfermedades potencialmente graves.
Los parásitos pueden ser externos, cuando viven sobre la superficie del animal, o internos, cuando se alojan en órganos y tejidos. Por eso, la prevención requiere tanto protección frente a los parásitos externos como controles y desparasitación interna periódica, de acuerdo con las indicaciones de un veterinario.
Cuáles son los parásitos más frecuentes en perros
Entre los parásitos externos más habituales se encuentran:
Entre los parásitos internos más frecuentes aparecen:
- Gusanos del corazón, como Dirofilaria immitis.
- Áscaris o gusanos redondos.
- Anquilostomas.
- Tricúridos o gusanos látigo.
Cada uno tiene un ciclo de vida y una vía de transmisión diferente, por lo que identificarlos permite elegir una estrategia preventiva adecuada.
Pulgas: un parásito que puede permanecer en el hogar
Las pulgas son uno de los parásitos externos más frecuentes en los perros y pueden convertirse en un problema durante todo el año. Una de las principales dificultades para eliminarlas es que la mayoría de su ciclo de vida ocurre fuera del animal.
Los huevos, larvas y pupas pueden permanecer en lugares como:
- Alfombras.
- Suelos y tarimas.
- Tapizados.
- Camas de perros y gatos.
- Otros espacios frecuentados por las mascotas.
Las pulgas adultas pueden emerger de las pupas cuando las condiciones ambientales son favorables y saltar sobre un perro que pasa cerca. Por eso, una infestación puede reaparecer días o semanas después de haber tratado al animal.
Eliminar las pulgas requiere interrumpir su ciclo reproductivo y evitar que los ejemplares adultos vuelvan a producir nuevos huevos.
Garrapatas: el riesgo aumenta durante las actividades al aire libre
Las garrapatas también son uno de los parásitos externos más habituales. Su actividad suele aumentar durante los meses cálidos y pueden encontrarse en diferentes ambientes naturales.
Estos parásitos esperan entre la vegetación y pueden adherirse al perro cuando este entra en contacto con ellos durante un paseo. Por eso, la exposición puede producirse al practicar senderismo, correr con la mascota o simplemente recorrer zonas con vegetación.
A diferencia de las pulgas, las garrapatas no necesitan vivir permanentemente en el hogar para representar un riesgo: pueden llegar directamente al animal desde el entorno exterior.
Cómo prevenir los parásitos en las mascotas
La prevención es especialmente importante porque algunos parásitos pueden transmitir enfermedades además de provocar irritación, picazón o lesiones.
Mantener un programa de desparasitación interna y protección externa adaptado al animal ayuda a reducir el riesgo. La frecuencia y el tipo de tratamiento deben determinarse según factores como la edad, el estilo de vida, la zona donde vive la mascota y su exposición al exterior.
Además, después de los paseos es recomendable revisar al perro, especialmente cuando ha estado en zonas de vegetación, para detectar cuanto antes la presencia de garrapatas u otros parásitos.