15 de agosto de 2026 - 09:35

Los gatos a los que les quitan las garras para proteger los muebles pueden sufrir consecuencias que pocos conocen

La ciencia veterinaria advierte que este procedimiento no cura enfermedades ni mejora la salud, sino que corta huesos para facilitar la convivencia entre especies.

La práctica de remover las garras de los gatos mediante cirugía no consiste en un simple corte estético, sino en la amputación de la última articulación de cada dedo. Esta intervención modifica los cimientos del cuerpo, forzando una redistribución del peso que suele derivar en sensibilidades crónicas y cambios drásticos en el comportamiento.

La estructura anatómica de los felinos difiere sustancialmente de la humana. Mientras que una uña crece sobre la piel, la garra está anclada biológicamente a la última falange del hueso. Para eliminarla definitivamente, es necesario cercenar toda la parte terminal del dedo. Esto equivale a perder la articulación final de cada dedo de la mano humana.

¿Por qué esta cirugía es ilegal en Europa pero se practica en Estados Unidos?

Esta intervención quirúrgica ha sido clasificada por las principales asociaciones veterinarias internacionales como una amputación dolorosa y no como una extracción simple. Su función es casi exclusivamente facilitar la vida de las personas, protegiendo muebles, cortinas de diseño o suelos de parqué. Hoy es ilegal en Italia y gran parte de Europa, aunque sigue extendida en Estados Unidos.

Las garras cumplen funciones vitales que van más allá de la defensa propia. Se utilizan para mantener el equilibrio, cazar, jugar y marcar territorio mediante señales visuales y feromonas. Al realizar movimientos de estiramiento, se involucran músculos de la espalda, hombros y patas delanteras. La remoción de estas herramientas altera profundamente la interacción con el entorno inmediato.

¿Qué consecuencias físicas y de conducta provoca en los gatos?

El dolor derivado de la cirugía no desaparece con la cicatrización externa de las heridas. Al faltar la articulación final, toda la estructura biomecánica debe adaptarse por completo. Muchos sufren rigidez y dificultades para saltar. Ante el malestar persistente, suelen ocultar su dolor, pero manifiestan mayor irritabilidad o agresividad.

El rascado es un comportamiento innato e innegociable para mantener garras eficientes y gestionar el territorio. Los expertos sugieren que la solución reside en ofrecer mejores lugares para este fin mediante rascadores estables y altos. Las garras no representan un defecto de fabricación, sino que constituyen una parte esencial de la identidad e integridad de la especie.

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