Los abuelos que les dan dinero a sus nietos después de que sus padres ya les dijeron que no, les permiten quedarse despiertos hasta más tarde, les compran juguetes inesperados o les ofrecen postres antes de terminar la cena suelen ocupar un lugar especial en la vida familiar. La psicología explica este fenómeno.
A primera vista, estas actitudes pueden parecer un intento de ganarse el cariño de los chicos o una forma de compensar algo. Sin embargo, también pueden responder a otra razón: la posibilidad de volver a disfrutar de la infancia desde una perspectiva diferente, con más experiencia y sin las mismas exigencias que acompañaron la crianza de sus propios hijos.
La distancia les permite mirar su propia experiencia como padres de otra manera
La mayoría de los padres no sabe qué momentos cotidianos de la infancia de sus hijos va a extrañar hasta que pasan los años.
Puede tratarse de aquellas noches en las que apuraron a los chicos para que se fueran a dormir porque estaban agotados, de los juegos que rechazaron por falta de tiempo o de los sábados que dedicaron a limpiar la casa en lugar de sentarse en el piso a jugar con ellos.
Mientras atraviesan esa etapa, los padres difícilmente puedan observar la infancia de sus hijos en perspectiva. Esa distancia aparece con el tiempo, a veces al mirar una fotografía de unas vacaciones que apenas recuerdan haber disfrutado o al encontrar en un placard una campera que alguna vez le quedó bien a un chico y que ahora parece demasiado pequeña.
Con los años, esos recuerdos adquieren otro significado. No necesariamente se vuelven más importantes, pero sí pueden resultar más claros. El paso del tiempo permite reconocer aspectos transitorios de la infancia que, mientras sucedían, quedaban ocultos entre las preocupaciones cotidianas.
En psicología, el concepto de generatividad describe el impulso de cuidar, orientar y contribuir al desarrollo de las generaciones siguientes. Esa disposición puede adquirir una dimensión diferente cuando una persona comprende mejor qué le exigió la crianza de sus hijos y qué experiencias le dejó.
Por qué los abuelos pueden tener más paciencia que los padres
Un abuelo puede dedicar 40 minutos a caminar una vuelta a la manzana con su nieto porque no necesita encajar ese paseo entre la cena y el baño. También puede escuchar cuatro veces el mismo chiste sin apurarse, porque no tiene que volver al auto ni cumplir con una lista de tareas pendientes.
La situación de los padres suele ser diferente. Cada decisión forma parte de una organización más amplia: la hora de dormir influye en el día siguiente de escuela, la compra de un juguete afecta el presupuesto familiar y permitir otra galletita puede complicar la cena.
Además, alguien tiene que establecer límites, cumplir con los turnos médicos, preparar la mochila y anticiparse a las necesidades de los chicos. La crianza cotidiana exige tomar decisiones considerando no solo el momento presente, sino también sus posibles consecuencias.
Los abuelos, en cambio, suelen tener una responsabilidad más acotada durante el tiempo que comparten con sus nietos: acompañar al chico que tienen enfrente y disfrutar de su compañía.