Elegir ropa amarilla, celeste o blanca puede transmitir sensaciones diferentes a quienes la observan, y la psicología estudia desde hace décadas esas asociaciones. El amarillo suele vincularse con alegría y energía, mientras que los tonos azules claros y el blanco se relacionan con ideas de calma y bienestar.
Sin embargo, no hay evidencia suficiente para afirmar que quienes eligen estos colores sean necesariamente personas más amables. La apariencia puede generar impresiones, pero el carácter de alguien no puede deducirse a partir de una remera, una camisa o un vestido.
Amarillo: alegría, vitalidad y una impresión más energética
Una revisión sistemática publicada en 2025 en la revista científica Psychonomic Bulletin & Review reunió 132 estudios, con más de 42.000 participantes de 64 países, para analizar las relaciones entre colores y emociones.
Entre sus resultados, los investigadores encontraron que el amarillo y el naranja se asociaban frecuentemente con emociones positivas de mayor activación, como alegría, entusiasmo y diversión.
Esto puede ayudar a explicar por qué una prenda amarilla llama la atención y suele percibirse como luminosa o animada. No implica que la persona que la usa esté feliz, ni que quiera transmitir deliberadamente un mensaje de simpatía.
Celeste: la relación entre tonos azules y tranquilidad
El celeste pertenece a la familia del azul, color que, según esa misma revisión, suele vincularse con emociones positivas y de menor activación, como calma, comodidad y relajación.
La percepción depende también de la luminosidad y la intensidad del tono. Un azul muy saturado puede provocar una impresión distinta a la de uno pálido. Además, los investigadores observaron que un mismo color puede asociarse con más de una emoción, según el contexto cultural y personal.
Por eso, decir que una camisa celeste comunica amabilidad de manera universal sería una conclusión excesiva. La evidencia estudia asociaciones emocionales, no diagnósticos de personalidad.
Blanco: luminosidad, alivio y asociaciones positivas
En el caso del blanco, la revisión encontró vínculos frecuentes con alivio, tranquilidad, esperanza y otras sensaciones positivas. También destacó un patrón más amplio: los colores claros tendían a recibir asociaciones emocionales más positivas que los oscuros.
Es una observación interesante para entender la percepción visual, pero no funciona como una regla infalible para interpretar a otra persona. El blanco puede elegirse por motivos prácticos, como combinar prendas, adaptarse al calor o respetar un código de vestimenta.