Suena la alarma, la mano busca el teléfono antes incluso de abrir los ojos y, casi por reflejo, aparece el botón de "posponer". Durante años, este hábito fue señalado como una mala costumbre capaz de fragmentar el sueño, aumentar el cansancio y dificultar el despertar. Expertos en psicología y sueño tienen una respuesta a ello.
Un sueño profundo influye positivamente en el cuerpo y la salud en general.
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Sin embargo, esa creencia se sostenía más sobre hipótesis que sobre evidencia. Hasta hace poco, ningún estudio había analizado específicamente qué ocurre cuando una persona utiliza la función "snooze" durante los últimos minutos antes de levantarse.
Esa situación cambió gracias a una investigación liderada por Tina Sundelin, especialista en sueño de la Universidad de Estocolmo, quien analizó por primera vez el impacto real de posponer la alarma.
Siete de cada diez personas utilizan la función "snooze"
Como primera etapa del estudio, el equipo de Sundelin encuestó a más de 1.700 personas para conocer sus hábitos matutinos. Los resultados mostraron que aproximadamente el 70% utiliza la función para posponer la alarma al menos una vez antes de levantarse.
Luego, los investigadores convocaron a 31 personas acostumbradas a este hábito para participar en un laboratorio del sueño. Allí compararon dos escenarios:
- Una mañana con una única alarma.
- Otra en la que la primera alarma sonó 30 minutos antes del horario definitivo, permitiendo utilizar varias veces la función de posponer.
El equilibrio entre todas estas fases resulta fundamental para lograr un descanso reparador.
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Dormir unos minutos más apenas reduce el tiempo total de sueño
Los resultados sorprendieron a los investigadores. Quienes utilizaron la función "snooze" perdieron apenas unos seis minutos de sueño efectivo respecto a quienes se levantaron con la primera alarma.
Además, no se detectó un aumento del aturdimiento al despertar ni cambios negativos en el estado de ánimo.
Uno de los aspectos que más preocupaba a los especialistas era la respuesta del cortisol, la hormona que el organismo libera de manera natural antes de despertar para facilitar el inicio del día.
Los datos mostraron que ese proceso biológico continuó desarrollándose con normalidad, incluso cuando los participantes pospusieron la alarma varias veces.
Estos despertares generalmente forman parte de la dinámica normal del sueño.
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El rendimiento mental incluso mejoró durante los primeros minutos del día
Después de levantarse, los voluntarios realizaron distintas pruebas cognitivas destinadas a medir:
- Velocidad de procesamiento.
- Memoria.
- Cálculo matemático básico.
Quienes habían utilizado la función para posponer la alarma obtuvieron resultados similares o ligeramente superiores durante aproximadamente los primeros 40 minutos de la mañana.
Ese período coincide con actividades habituales como ducharse, preparar el desayuno o trasladarse al trabajo, lo que sugiere que un despertar más gradual podría favorecer el estado de alerta inicial.
Qué es la inercia del sueño y por qué cuesta tanto despertarse
Los especialistas explican que muchas personas experimentan la llamada inercia del sueño, un estado transitorio de somnolencia y bajo rendimiento mental que aparece cuando la alarma interrumpe una fase profunda del descanso.
Durante esos minutos es frecuente sentirse desorientado, con dificultad para concentrarse o pensar con claridad.
Un sueño suficiente puede ser tan importante como mantener una alimentación equilibrada.
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La hipótesis de Sundelin es que las alarmas repetidas ayudan a evitar que el cerebro vuelva a ingresar en las fases más profundas del sueño durante el último tramo de la noche. En lugar de hacerlo, permanece en un estado de transición más cercano al despertar.
Cuando finalmente llega la alarma definitiva, el organismo ya inició parte del proceso natural de activación, lo que facilitaría un despertar menos brusco.