La relación entre una madre, su hijo adulto y la pareja de este puede atravesar tensiones cuando cambian las prioridades familiares. Una reflexión difundida en octubre de 2026 plantea que intentar competir con la nuera por el afecto del hijo puede terminar provocando justamente el alejamiento que se busca evitar.
La idea se presentó como una frase inspirada en Erich Fromm, autor de El arte de amar.
Por qué la independencia de un hijo puede vivirse como una pérdida
Cuando un hijo forma una pareja, organiza su tiempo y toma decisiones compartidas con otra persona. Para una madre acostumbrada a ocupar un lugar central, algunos cambios pueden resultar difíciles. Un almuerzo que se posterga o un viaje que se planifica en pareja no son necesariamente señales de desamor, aunque a veces se interpreten de ese modo.
El problema aparece si una preocupación se convierte en críticas recurrentes, comentarios descalificadores o intentos de controlar decisiones ajenas. En lugar de acercar a la familia, esas conductas pueden hacer que los encuentros se vuelvan incómodos y que el hijo empiece a tomar distancia.
Qué aporta el pensamiento de Erich Fromm
En El arte de amar, publicado originalmente en 1956, Fromm desarrolla la idea de que el amor maduro necesita respeto por la individualidad de la otra persona. Ese marco permite pensar los vínculos familiares sin dar por hecho que el cariño otorga derecho a intervenir en todas las decisiones.
Esto no significa que todas las diferencias entre suegra y nuera sean celos. Puede haber desacuerdos legítimos sobre horarios, crianza, convivencia o formas de comunicarse. Lo determinante es cómo se tramitan esas diferencias y si los adultos pueden establecer límites sin recurrir a ataques personales.
Tres acuerdos que reducen la rivalidad
Especialistas en relaciones de pareja del Instituto Gottman destacan la utilidad de definir límites claros con las familias de origen. En la práctica, eso puede significar acordar visitas con anticipación, evitar comentarios sobre asuntos privados del matrimonio y hablar de los conflictos directamente, sin pedir a terceros que tomen partido.
También ayuda distinguir un límite de un castigo. Decir que una decisión económica corresponde a la pareja no implica prohibir la visita de los padres, así como pedir respeto a la nuera no exige que todas las personas tengan gustos o formas de pensar iguales. La conversación puede centrarse en conductas concretas, sin hacer diagnósticos psicológicos de familiares que no fueron evaluados.
El hijo adulto también cumple un papel clave: marcar límites con respeto, sostener el vínculo con su madre y proteger la autonomía de la pareja. La enseñanza de la reflexión no es elegir entre dos personas, sino comprender que el afecto familiar puede mantenerse sin transformarse en una competencia.