Eva Bach, pedagoga y maestra especializada en educación emocional, planteó que “obedecer siempre a las emociones hace a los niños egocéntricos y descorteses” en una entrevista publicada en 2025. La frase forma parte de una crítica más amplia a ciertos mensajes simplificados de crianza que circulan en redes sociales y que, según ella, confunden escuchar una emoción con convertirla automáticamente en criterio de conducta.
La precisión es importante porque Bach no sostiene que las emociones deban ignorarse. Por el contrario, considera necesario reconocerlas, comprenderlas y poder expresarlas. Su objeción aparece cuando el enojo, la tristeza, el miedo o cualquier impulso pasan a justificar por sí solos lo que una persona hace, sin considerar cómo afecta a los demás.
La diferencia entre sentir una emoción y obedecerla
En su libro Disparates emocionales. ¡Basta ya!, Bach enumera malentendidos que, a su entender, deformaron la educación emocional. Entre ellos aparecen ideas como pensar que toda emoción desagradable es negativa, que siempre podemos elegir lo que sentimos o que debemos guiarnos únicamente por el estado emocional del momento.
Su argumento es que una emoción aporta información, pero no funciona como una orden. Un chico puede estar enojado con un hermano, un amigo o un adulto y ese enojo merece ser escuchado. Lo que no se desprende de ahí es que tenga derecho a insultar, golpear o tratar mal. La conducta requiere una instancia adicional de aprendizaje.
Por qué habla de egocentrismo y falta de cortesía
Bach utiliza esas palabras para describir una posible consecuencia de colocar el sentir individual por encima de cualquier regla interpersonal. Si el mensaje es “hacé siempre lo que te pide tu emoción”, el niño puede tener menos oportunidades de practicar autocontrol, consideración y tolerancia a la frustración, sostiene la pedagoga.
La especialista pone como ejemplo la relación con las personas queridas. Estar disgustado con alguien no elimina la necesidad de mantener ciertas formas básicas de respeto. Para Bach, aprender a actuar de acuerdo con valores también cuando la emoción empuja en otra dirección forma parte de la madurez.
El otro extremo tampoco es saludable: negar lo que sienten
La entrevista también cuestiona el mensaje opuesto: intentar que los chicos permanezcan felices todo el tiempo. Bach advierte que considerar la tristeza, el miedo o la rabia como emociones que hay que borrar puede dejar a los niños sin herramientas para atravesar el dolor y la frustración.
En ese sentido, su propuesta intenta moverse entre dos extremos. No plantea obedecer cada emoción, pero tampoco silenciarla. La educación emocional debería ayudar a identificar lo que sucede por dentro y, al mismo tiempo, desarrollar empatía, criterio y responsabilidad en la forma de responder.
Una advertencia sobre los consejos de crianza en redes
Bach dedica parte de su crítica a la enorme cantidad de recomendaciones que circulan en redes sociales. Señala que el número de seguidores no demuestra formación profesional y propone revisar la trayectoria, las fuentes y el sustento de quienes ofrecen consignas sobre crianza. En su libro llega a describir distintas formas de “educación emocional” que considera distorsionadas por simplificar problemas complejos.
También conviene ubicar la frase en su lugar: es el planteo de una pedagoga dentro de una entrevista y no una regla científica que determine que todos los chicos reaccionarán igual. El desarrollo infantil depende de múltiples factores, y una afirmación de este tipo debe leerse como una postura educativa argumentada, no como un diagnóstico.