12 de agosto de 2026 - 12:00

La psicología llegó a la conclusión de que las personas de entre 55 y 75 años tienden a valorar especialmente el esfuerzo prolongado en comparación con otras generaciones

Distintos trabajos sobre perseverancia, motivación y decisiones que exigen esfuerzo detectaron diferencias asociadas con la edad.

La relación entre edad, perseverancia y disposición a realizar un esfuerzo sostenido despertó interés en la psicología durante los últimos años. Algunas investigaciones encontraron que los adultos mayores pueden mostrarse más dispuestos que los jóvenes a invertir energía en determinadas metas, aunque esto no significa que toda persona de entre 55 y 75 años valore automáticamente más el sacrificio.

Un estudio publicado en Psychological Science comparó a adultos jóvenes de entre 18 y 36 años con participantes de entre 55 y 84. Los investigadores encontraron que los mayores estaban más dispuestos a realizar un esfuerzo físico cuando ese esfuerzo beneficiaba a otra persona, una diferencia que no apareció de la misma manera entre los jóvenes.

La perseverancia no depende solamente de cumplir años

Otro concepto estudiado es el denominado “grit”, definido en psicología como la combinación de perseverancia y pasión por objetivos de largo plazo. El término fue popularizado a partir del trabajo de Angela Duckworth y sus colegas, que analizaron su relación con diferentes logros personales y académicos.

A primera vista, diferentes mediciones mostraron que las generaciones de mayor edad obtenían puntuaciones superiores en perseverancia. Sin embargo, una investigación publicada en Journal of Data Science intentó separar el efecto de la edad del efecto generacional y encontró que buena parte de esas diferencias podía explicarse por la cohorte a la que pertenecía cada persona, más que por el envejecimiento en sí mismo.

Eso cambia la interpretación: una persona nacida décadas atrás pudo crecer en un entorno donde la estabilidad laboral, la paciencia frente a recompensas demoradas o el compromiso prolongado eran socialmente valorados de otra manera.

A partir de los 55 también cambia para qué vale la pena esforzarse

El estudio de Psychological Science aporta otro matiz. Los adultos mayores no simplemente aceptaban más esfuerzo en cualquier circunstancia: la diferencia era particularmente visible cuando el beneficiario era otra persona.

Los propios investigadores remarcan que esto no permite concluir que las personas mayores sean universalmente menos reacias al esfuerzo. De hecho, trabajos sobre esfuerzo cognitivo encontraron en otros contextos una mayor tendencia de los adultos mayores a evitar tareas mentalmente costosas.

Por eso, hablar de una “generación del esfuerzo” puede servir como descripción cultural, pero no constituye una categoría psicológica rígida.

Experiencia, generación y objetivos de largo plazo

Entre los 55 y los 75 años suele existir además una acumulación de experiencias que puede modificar la forma de evaluar una recompensa. Haber atravesado trabajos extensos, proyectos familiares o períodos económicos difíciles puede hacer que una meta de largo plazo resulte más familiar que para alguien que recién comienza su vida adulta.

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