28 de agosto de 2026 - 13:45

En 1888 soltaron 4 parejas de liebres europeas en una estancia de Santa Fe; hoy sus poblaciones suman decenas de millones y ocupan casi toda la Argentina

Parques Nacionales documenta que apenas ocho animales formaron parte de una de las primeras introducciones.

En 1888 fueron liberadas cuatro parejas de liebres europeas en una estancia de Santa Fe. Eran apenas ocho ejemplares de Lepus europaeus, una especie que no pertenecía a la fauna nativa argentina y que, con introducciones posteriores, inició una de las expansiones de mamíferos exóticos más grandes registradas en el país.

El Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales señala que unos años más tarde también hubo introducciones en Buenos Aires y Córdoba.

A partir de esos núcleos, la liebre comenzó a extenderse rápidamente gracias a su capacidad reproductiva y a la facilidad para ocupar ambientes muy diferentes.

De ocho animales a poblaciones de decenas de millones

Las liebres pueden producir dos o tres camadas por año, generalmente de tres a cinco crías, y alcanzan la madurez sexual durante su primer año de vida. Esa combinación permite que una población pequeña aumente rápidamente cuando dispone de alimento y espacio suficiente.

El proceso tampoco se detuvo en la frontera: desde Argentina avanzó hacia Bolivia y contribuyó a poblaciones establecidas en otras regiones de Sudamérica.

Una publicación científica sobre su distribución resume la magnitud del fenómeno de otra manera: la liebre europea llegó a convertirse en el mamífero exótico invasor presente en mayor proporción de áreas naturales protegidas nacionales, con registros en alrededor del 65% del sistema analizado.

Por qué logró expandirse con tanta rapidez

No depende de un único tipo de paisaje. La especie utiliza principalmente ambientes abiertos, pastizales y sectores próximos a tierras cultivadas, pero posee suficiente tolerancia ambiental como para establecerse en regiones muy distintas entre sí.

A esa capacidad se suma su dieta vegetal y una reproducción que puede mantenerse durante buena parte del año. El Gobierno nacional señala que desde su introducción se dispersó por toda la Argentina y avanzó también hacia Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Brasil y Uruguay.

Su éxito poblacional terminó convirtiéndola también en un problema productivo. Parques Nacionales menciona daños en plantaciones forestales y cultivos de cereales, frutas y hortalizas, además de competencia con el ganado ovino por las pasturas.

De plaga a recurso comercial

La historia tiene una particularidad: la misma abundancia que generó problemas terminó dando origen a una actividad comercial vinculada con su caza y aprovechamiento.

Senasa explica que durante décadas la liebre fue combatida como plaga y que, posteriormente, la caza comenzó a utilizarse también para mantener poblaciones y abastecer una industria de carne destinada especialmente a exportación.

Actualmente figura dentro de la política nacional sobre especies exóticas invasoras, categoría que reconoce organismos capaces de establecerse y expandirse fuera de los sitios donde fueron introducidos y producir impactos ambientales o económicos.

Eso permite dimensionar lo ocurrido desde 1888. Cuatro parejas soltadas en Santa Fe no explican por sí solas toda la población actual, porque posteriormente hubo otras introducciones, pero sí forman parte del origen documentado de una invasión que en poco más de un siglo alcanzó prácticamente todo el país.

Hoy, aquella especie introducida intencionalmente está presente en una escala que se cuenta en decenas de millones de individuos, una transformación difícil de imaginar a partir de los ocho animales que fueron liberados en una estancia santafesina.

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