Los electrodomésticos más comunes en el hogar pueden parecer inofensivos, pero algunos equipos representan un verdadero gasto oculto de electricidad. En particular, el aire acondicionado se ha convertido en uno de los mayores responsables del consumo energético, superando con creces a otros aparatos como el lavarropas o el televisor.
Cuánta electricidad consume un aire acondicionado en una casa común
El aire acondicionado puede llegar a consumir entre 1.200 y 2.500 watts por hora, dependiendo del modelo, su eficiencia y la temperatura seleccionada.
En comparación, un televisor LED promedio consume unos 100 watts, mientras que un lavarropas ronda los 500 watts en cada uso.
El mayor ladrón de electricidad en el hogar consume más energía que un lavarropas y un televisor juntos (3)
Esto significa que, si el aire está encendido durante varias horas al día, el gasto de energía se dispara.
En jornadas de mucho calor, especialmente en ciudades del norte argentino o en hogares sin buena aislación térmica, el equipo puede estar encendido más de 10 horas diarias.
Eso se traduce en un consumo mensual que supera con facilidad los 200 kilowatts, encareciendo notablemente la factura de luz.
Cómo influye el uso del aire acondicionado en la factura de luz
Durante los meses de verano, la demanda energética en los hogares se incrementa principalmente por la utilización constante del aire acondicionado.
Según el ENRE (Ente Nacional Regulador de la Electricidad), estos equipos representan hasta el 60% del consumo total en ciertas viviendas durante enero y febrero.
El mayor ladrón de electricidad en el hogar consume más energía que un lavarropas y un televisor juntos (1)
Además, el tipo de equipo influye: los modelos inverter son más eficientes, ya que regulan la potencia, mientras que los tradicionales operan a máxima capacidad de forma constante.
No contar con un buen mantenimiento, como limpiar los filtros, también eleva el consumo y acorta la vida útil del aparato.
Consejos para reducir el consumo eléctrico del aire acondicionado
Una de las claves es elegir una temperatura entre 24 y 26 grados, suficiente para mantener un ambiente confortable sin exigir al máximo al equipo.
En verano, otra estrategia es aislar bien los ambientes, cerrar puertas y ventanas y evitar que el sol incida directamente en los interiores. Estos cambios reducen el esfuerzo del equipo y, por lo tanto, el gasto de electricidad.