La Palabra de Dios nos ilumina e invita a la reflexión. Compartimos el Evangelio de hoy 29 de abril, según el Vaticano, y una homilía del papa Francisco.
El Evangelio de hoy Jesús dice: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado". El Papa Francisco en la Homilía “Tener el valor de ver nuestras tinieblas...“, miércoles 6 de mayo de 2020, explica: "nos muestra la intimidad que hay entre Jesús y el Padre. Jesús hacía lo que el Padre le decía”.
"Jesús dice: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado». Luego concreta su misión. «Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga entre tinieblas». Se presenta como luz, la misión de Jesús es iluminar: la luz. Él mismo ha dicho: «Yo soy la luz del mundo».
Pero el drama de la luz de Jesús es que ha sido rechazada. Lo dice Juan claramente al principio del Evangelio: “Vino a los suyos, mas los suyos no lo recibieron. Amaban más las tinieblas que la luz”. Acostumbrarse a las tinieblas, vivir en las tinieblas: no saben aceptar la luz, no pueden; son esclavos de las tinieblas. Y esta será la continua lucha de Jesús: iluminar, llevar la luz que hace ver las cosas como están, como son; hace ver la libertad, hace ver la verdad, muestra el camino por el que ir, con la luz de Jesús.
Pablo vivió esta experiencia del paso de las tinieblas a la luz, cuando el Señor lo encontró en el camino de Damasco. Se quedó ciego. Ciego. La luz del Señor lo cegó. Y luego, tras pasar unos días, con el bautismo recobró la luz. Tuvo esa experiencia de pasar de las tinieblas, en que vivía, a la luz.
Jesús trae la luz. Pero la gente, su pueblo lo ha rechazado. Está tan acostumbrado a las tinieblas que la luz lo deslumbra, no sabe caminar. Y este es el drama de nuestro pecado: el pecado nos ciega y no podemos soportar la luz“, sostiene el Papa Francisco en la Homilía “Tener el valor de ver nuestras tinieblas...“, Santa Marta, miércoles 6 de mayo de 2020,
La Palabra de Dios nos brinda una oportunidad para la reflexión. A continuación, compartimos las lecturas del miércoles 29 de abril de 2026 según el Vaticano.
Hechos 12, 24–13, 5
En aquel tiempo, la palabra del Señor cundía y se propagaba. Cumplida su misión en Jerusalén, Saulo y Bernabé regresaron a Antioquía, llevando consigo a Juan Marcos.
Había en la comunidad cristiana de Antioquía algunos profetas y maestros, como Bernabé, Simón (apodado el “Negro”), Lucio el de Cirene, Manahén (que se crió junto con el tetrarca Herodes) y Saulo. Un día estaban ellos ayunando y dando culto al Señor, y el Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la misión que les tengo destinada”. Todos volvieron a ayunar y a orar; después les impusieron las manos y los despidieron.
Así, enviados por el Espíritu Santo, Saulo y Bernabé fueron a Seleucia y zarparon para Chipre. Al llegar a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.
Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho’’.
Es palabra de Dios.