El Evangelio de hoy, 12 de mayo: "Me voy al Padre y ya no me verán"

La Palabra de Dios nos ilumina e invita a la reflexión. Compartimos el Evangelio de hoy 12 de mayo, según el Vaticano, y una homilía del papa Francisco.

La reflexión del Papa Francisco

"El Señor dice 'que será el Espíritu Santo quien nos haga entender que el príncipe de este mundo ya está condenado'. Como consecuencia 'nosotros debemos pedir al Espíritu Santo la gracia de entender bien esto' y esto es que 'el demonio es un derrotado' (...) Por este motivo "no puede prometer nada, no puede darnos la esperanza de construir algo. No, es un derrotado".

Sin embargo, aunque «nosotros sabemos que está derrotado», advirtió Francisco, «en la vida no es fácil interiorizar este concepto, llevarlo a nuestra convicción». Y el porqué es fácil de comprender: «antes de todo porque el diablo es un seductor y nos gusta ser seducidos. A nosotros —subrayó el Papa con énfasis— nos gusta. Y él sabe cómo acercarse; sabe qué palabras decirnos. Despierta nuestra curiosidad, porque todos somos curiosos, y nuestra vanidad: “¿Pero qué dice este?”». En resumen, lo «que le sucedió a Eva, nos sucede también en nosotros. A nosotros: “¡Probad esto! No es como vosotros pensáis, no...”. Es la seducción».

Además, prosiguió el Pontífice, «a nuestra vanidad le gusta que piensen en nosotros, que nos hagan propuestas... Y él tiene esta capacidad; esta capacidad de seducir». Por tal motivo «es tan difícil entender» que se trata de «un derrotado; porque él se presenta con gran poder: te promete cosas, te lleva regalos —bonitos, bien envueltos— “¡Oh, que bonito!” —pero tú no sabes qué hay dentro— “Pero, el papel de afuera es bonito”. Nos seduce con el paquete sin hacernos ver qué hay dentro. Sabe presentar a nuestra vanidad, a nuestra curiosidad, sus propuestas».

La Palabra de Dios nos brinda mensajes profundos y una oportunidad para la reflexión. A continuación, compartimos las lecturas del martes 12 de mayo de 2026 según el Vaticano.

Libro de los Hechos de los apóstoles

Hechos 16, 22-34

En aquellos días, la gente de la ciudad de Filipos se alborotó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que los desnudaran y los azotaran. Después de azotarlos mucho, los metieron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara bien. Siguiendo esta orden, él los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo.

A eso de la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración, cantando himnos al Señor, y los otros presos los escuchaban. De pronto sobrevino un temblor tan violento, que se sacudieron los cimientos de la cárcel, las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas.

El carcelero se despertó, y al ver las puertas de la cárcel abiertas de par en par, pensó que los presos se habían fugado y sacó su espada para matarse. Pero entonces Pablo le gritó: "No te hagas ningún daño; aquí estamos todos". El carcelero pidió una lámpara, se precipitó hacia dentro, y temblando, se arrojó a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó de allí y les preguntó: "¿Qué debo hacer para salvarme?" Ellos le contestaron: "Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y tu familia". Y les explicaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

El carcelero se los llevó aparte, y en aquella misma hora de la noche les lavó las heridas y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Después los invitó a su casa, les preparó la mesa y celebraron una fiesta familiar por haber creído en Dios.

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Evangelio de hoy según San Juan

Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?' Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando él venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado".

Es palabra de Dios.

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