Preparar café, tomar siempre el mismo camino o agarrar las llaves al salir pueden parecernos pequeñas decisiones. Sin embargo, un estudio de psicología sobre hábitos cotidianos encontró que el 65% de las conductas registradas era iniciado habitualmente y que el 88% presentaba una ejecución habitual. Eso no significa que las personas no quisieran hacerlas: muchas coincidían con sus intenciones.
El trabajo resulta interesante porque separó dos cosas que solemos meter dentro de la misma idea de “hacer algo automáticamente”: cómo empezamos una acción y qué ocurre mientras la estamos realizando.
Durante una semana les preguntaron qué estaban haciendo
El estudio, publicado en Psychology & Health, reunió a 105 adultos de Reino Unido y Australia. En lugar de preguntarles al final de la semana por sus rutinas, los investigadores utilizaron una evaluación ecológica momentánea.
Cada participante recibió seis consultas diarias durante siete días. En esos momentos debía indicar qué estaba haciendo y evaluar hasta qué punto esa conducta había sido iniciada habitualmente, ejecutada habitualmente o realizada de manera intencional.
Los resultados fueron contundentes: el 65% de las conductas observadas se iniciaba habitualmente.
Un ejemplo cotidiano sería entrar a casa y dejar automáticamente las llaves siempre en el mismo recipiente. El contexto conocido puede funcionar como señal y poner en marcha la acción sin necesitar una deliberación nueva cada vez.
Pero el segundo porcentaje fue todavía mayor.
El 88% tenía algún componente habitual durante su ejecución
Los investigadores encontraron que el 88% de las conductas era ejecutado habitualmente. Esta distinción permite que una persona decida conscientemente empezar algo y, una vez iniciado, realice parte de la secuencia de manera mucho más automática.
El ejercicio mostró bien esa diferencia: comparado con otras acciones, era más habitual iniciarlo, pero menos habitual ejecutarlo. Decidir entrenar puede estar incorporado a una rutina; completar los movimientos del entrenamiento puede seguir requiriendo atención y esfuerzo.
Y hay otro número importante: el 76% de las conductas estaba alineado con las intenciones de los participantes.
Por eso, hábito no significa necesariamente hacer algo que no queríamos hacer. Una conducta puede ser deseada y habitual simultáneamente: queremos cepillarnos los dientes y, a la vez, no necesitamos tomar cada noche una nueva decisión para hacerlo.
El estudio tiene límites: participaron 105 personas y las conductas fueron informadas por ellas mismas durante una semana. No permite concluir que exactamente el 65% o el 88% de las acciones de cualquier persona funcionen de esta manera.
Pero desde la psicología, los resultados muestran hasta dónde pueden llegar los hábitos cotidianos: una parte considerable de lo que hacemos puede comenzar o desarrollarse habitualmente sin dejar por eso de coincidir con aquello que conscientemente queremos hacer.