Alcanzar 50 millones de reproducciones en plataformas de streaming puede representar cientos de miles de euros, pero eso no significa que todo ese dinero llegue al cantante. Una estimación publicada por el diario italiano Il Giorno calcula que ese volumen en Spotify podría generar aproximadamente entre 150.000 y 200.000 euros brutos vinculados a la grabación, antes del reparto entre quienes poseen los derechos.
La cifra sirve para entender la escala, pero no existe una tarifa fija por reproducción. Spotify aclara expresamente que no paga una cantidad predeterminada por cada stream: distribuye regalías mediante un sistema basado en la proporción de escuchas y luego los titulares pagan a artistas y compositores según sus contratos.
Una canción y una grabación son dos cosas diferentes
Cuando alguien escucha una canción, pueden activarse dos grandes grupos de derechos.
Por un lado está la composición: música y letra. Allí aparecen compositores, autores y eventualmente editoriales. Por otro está el master, es decir, la grabación concreta que suena en la plataforma y cuyos derechos pueden pertenecer a un sello, artista independiente u otra compañía.
A eso se suman los denominados derechos conexos o vecinos, que pueden alcanzar a intérpretes, músicos ejecutantes y productores fonográficos, dependiendo del uso y del país.
Por qué 200.000 euros no significan 200.000 para el cantante
Il Giorno utiliza como referencia aproximada 3.000 a 4.000 euros brutos por cada millón de streams en Spotify, lo que llevaría 50 millones de escuchas hacia el rango de 150.000 a 200.000 euros.
Pero el reparto puede cambiar radicalmente de un caso a otro. Un artista independiente que controla su master no está en la misma situación que un cantante contratado por un sello que posee los derechos de la grabación.
También importa si el intérprete escribió la canción. Un cantante que además es compositor puede cobrar por la grabación y por la obra, mientras que alguien que solamente interpreta participa de un esquema diferente.
Spotify sostiene que aproximadamente dos tercios de sus ingresos musicales son pagados a los titulares de derechos, quienes luego distribuyen ese dinero según sus acuerdos particulares.
Las canciones también generan dinero fuera de Spotify
El streaming representa solo una parte. Una obra puede producir ingresos cuando suena en radio, televisión, recitales, espacios públicos o determinadas plataformas digitales, y las entidades de gestión colectiva se ocupan de recaudar y distribuir distintos derechos según cada territorio.
Existe además la sincronización: cuando una canción se incorpora a una película, serie, publicidad o videojuego, puede negociarse una licencia adicional.