14 de octubre de 2026 - 14:10

Comer hasta 10 huevos por semana: qué dice la ciencia sobre el colesterol y por qué no conviene tirar la yema

Investigaciones en más de dos millones de personas avalan hasta diez unidades semanales, mientras que el riesgo cardiovascular depende de los acompañamientos.

La evidencia médica desterró el histórico mito que catalogaba a los huevos como una amenaza cardiovascular y confirmó que consumir hasta diez unidades semanales resulta seguro para la población sana. La revisión científica derriba la arraigada práctica de descartar la yema para eludir el colesterol, una costumbre que elimina los principales nutrientes.

Durante la década de 1980, las pautas sanitarias limitaban la ingesta a dos o tres huevos por semana debido a sus 186 miligramos de colesterol concentrados en la yema. Sin embargo, la comprensión del metabolismo humano demostró que el colesterol dietario apenas incide en los niveles sanguíneos, ya que el hígado reduce su propia síntesis para compensar el ingreso de los alimentos.

¿Por qué no conviene tirar la yema del huevo?

Con apenas 75 calorías por unidad grande, el huevo aporta entre 6 y 7 gramos de proteína de máxima absorción biológica. Aunque representa solo un tercio del peso total, la yema alberga el núcleo de sus componentes más valiosos: unos 147 miligramos de colina, fundamental para las membranas celulares y el neurotransmisor acetilcolina.

En esa porción dorada se concentran además las vitaminas D, A y E, hierro, zinc y los carotenoides luteína y zeaxantina, protectores de la retina ocular frente a la degeneración macular. Separar la clara para ingerir únicamente proteína despoja al alimento de su riqueza preventiva, por lo que los especialistas aconsejan consumirlo entero salvo prescripción médica.

¿Qué dice la ciencia sobre comer huevos y el riesgo cardiovascular?

El análisis de 41 investigaciones prospectivas publicado en la revista Circulation reveló que el aumento de riesgo cardiovascular asociado al huevo se constató exclusivamente en estudios de Estados Unidos, mientras que en Europa resultó mínimo y en Asia fue inexistente. El mismo patrón diferencial se repitió ante los diagnósticos de diabetes tipo 2.

La causa no radica en el huevo, sino en el plato con el que se sirve: el desayuno estadounidense suele incorporar panceta, salchichas, papas fritas y pan tostado con manteca, saturando la comida de grasas perjudiciales. En contraste, las tradiciones culinarias asiáticas y europeas lo integran junto a vegetales y preparaciones libres de carnes procesadas.

Por su parte, un estudio australiano de 2025 comprobó que el consumo regular en adultos mayores redujo en un 29% el riesgo de muerte cardiovascular, respaldado por la necesidad de proteína en la tercera edad. Asimismo, el riesgo de salmonela se estima en un huevo cada miles, neutralizándose por completo con una cocción adecuada.

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