Por desfinanciamiento, achican los programas de producción
Los industrializadores de durazno aseguran que los costos directos aumentaron 35% y que están en crisis. Productores primarios advierten que los calibres y calidad de la fruta no son los ideales. Quejas por la falta de precio y plazos de pago.
Por desfinanciamiento, achican los programas de producción
Foto:
Sin resto financiero de campañas anteriores, con las tasas de interés por las nubes y sin apoyo crediticio estatal, la agroindustria mendocina anunció una reducción de entre 25% y 30% de los planes de elaboración de duraznos en mitades para esta temporada.
La situación actual muestra un escenario que se contrapone, al menos en apariencia, con el (medido) optimismo que habían manifestado referentes del sector hace 30 días, cuando tanto industriales como productores -aún sin desconocer las dificultades productivas y económicas de esta campaña- confiaban en que podrían acomodarse las cargas a medida que avanzara la cosecha.
Por un lado, la industria plantea un oscuro panorama financiero y, según comentan algunos, entre los productores campea el pesimismo, a raíz de las pérdidas de calidad comercial por problemas sanitarios, el efecto del granizo y por la falta de definición de las fábricas en materia de precios.
Desde el sector primario, Roberto Meli, de Tupungato, con producción de duraznos en el Valle de Uco, advirtió que los efectos del clima han sido determinantes del cambio de ánimo. Por una parte, afirmó que “en la zona de Cordón del Plata, el daño provocado por la piedra ha sido importante”.
Apuntó que, en principio, parecía que las granizadas ocurridas a partir de los primeros días de enero no iban a tener demasiada incidencia, pero cuando a mediados de mes comenzó a evidenciarse el efecto ocasionado por el fenómeno, “muchos nos encontramos con que más de la mitad de la producción no podía tener otro destino que no fuera pulpa, porque esa fruta no iba a estar en condiciones de ser enlatada, en mitades”.
Por otra parte, Meli señaló los “inconvenientes provocados por hongos (viruela, torque y monilia) que proliferan a raíz de las condiciones climáticas favorables a su desarrollo”. Aclaró que, tras los ataques de monilia, “el durazno cae de la planta, no sirve ni para molienda y va a descarte”. Añadió, en otro orden, que “los rendimientos han sido menores a los esperados”, de manera que “no hay volumen como para avalar el pronóstico de cosecha” que en su momento hizo el instituto de Desarrollo Rural.
En resumen, Meli advirtió que “no hay buen durazno para lata, en el volumen que se esperaba, porque se ha sumado un rendimiento probablemente menor que el que se presumía, por el menor tamaño de los frutos, por las temperaturas relativamente bajas de la primavera, por el efecto de la piedra y por los problemas sanitarios producto del exceso de lluvias y por la maduración tardía”.
En este escenario, “el productor está desorientado, inclusive, por la clasificación que están haciendo algunas industrias”. De manera que “no sé si va a faltar el durazno, si va a alcanzar y si las fábricas van a completar sus programas originales de elaboración de mitades”.
A todo esto, Juan Antonio Ruano, que produce duraznos para industria sobre 9 hectáreas en Agua Amarga, Tunuyán, coincidió en que “desde el punto de vista productivo, esta temporada ha sido muy difícil por la incidencia del clima”.
Empezó con “una primavera fría y muy lluviosa”, por lo que “hubo enfermedades que, como fruticultor, no recuerdo haberlas tenido en 30 ó 35 años. Fueron ataques de viruela con una intensidad tremenda; sarna, y otras, que también las están sufriendo los viñateros y horticultores”. Aclaró, en cambio, que en su explotación no ha tenido problemas importantes con granizo.
Efecto no deseado Aunque desde el sector industrial no creen que vaya a faltar producto, esa posibilidad tampoco parece desvelarlos. Es que ya han tomado la decisión de reducir sus programas de elaboración de mitades, pero por otras razones. Es que, según afirman, compraron insumos de fábrica hasta donde alcanzó el escaso resto financiero que disponía cada establecimiento, y hoy la mayoría de ellos no tendría envases suficientes.
Luis Sentinelli, secretario de la Cámara de la Fruta Industrializada de Mendoza (Cafim), admitió que las empresas venían desfinanciadas, a lo que se sumó, en la segunda mitad de 2015, “un panorama de incertidumbre hacia adelante, con un cambio de gobierno a fin de año, sin saber qué medidas económicas podrían implementarse y de qué manera”.
Esa incertidumbre afectó, en principio, la provisión de insumos. Reveló que desde fines de noviembre en adelante, Siderar, empresa que tiene el monopolio de la hojalata en la Argentina, frenó las entregas, y luego, cuando comenzó a liberarlas, lo hacía “al valor que tenga el dólar cuando se descargue la hojalata en la fábrica, pero pagando el 70% anticipado y el resto contra entrega”. Por lo cual, “la mayoría de las empresas se encontró con menos envases que los necesarios”, para iniciar la temporada. Eso se trasladó al resto de los insumos.
Luego, cuando las medidas económicas nacionales vieron la luz, el impacto no fue el que esperaban. Sobre este punto, Sentinelli aseguró que “la devaluación no es suficiente para mejorar la situación de la industria”, y consideró que “el Gobierno nacional no tomó dimensión de las consecuencias que podría tener esa medida en los sectores productivos”.
Pero lo que terminaría acorralando a la industria, y en buena medida indujo el cambio de ánimo en pocos días, fue el aumento de las tasas de interés y su impacto en el financiamiento de las empresas.
“Nuestro proceso industrial -explicó el secretario de la Cafim- requiere de una fuerte inyección previa de capital de trabajo, porque las cosechas empiezan entre la última semana de diciembre y la primera de enero, y el industrial local necesita tener el azúcar para el almíbar, los envases de hojalata, adecuar la fábrica, comprar la fruta y procesarla, y luego esperar 8 ó 9 meses para vender”. Pero “cuando fuimos a buscar financiamiento nos encontramos con que la tasa de interés se había ido por encima del 40% para descuento de cheques o toma de préstamos”.
“A eso -continuó- se sumó, como sorpresa adicional, el aumento en el precio de los combustibles, cuando en plena campaña, previo a las elecciones, se prometía que habría medidas para empezar a resolver el problema de los costos de logística para las economías regionales”.
Achique productivo Según Sentinelli, el sector industrial del durazno tenía la expectativa de conseguir, a través del gobierno de la provincia, "algún crédito blando para capital de trabajo, porque es una industria a la que le cuesta mucho financiarse, ya que necesita casi el 80% de su costo de producción entre diciembre y marzo". Reveló que "estábamos esperando que el Gobierno armara un fideicomiso para la compra de envases, que consiguiera algún crédito blando para capital de trabajo, pero no hay nada de eso".
En este contexto, “la decisión de las empresas es no tomar más préstamos y producir lo que la caja de la empresa dé. Ninguna de nuestras industrias puede tomar un préstamo a las tasas que hay hoy para seguir comprando hojalata y seguir produciendo”.
De todos modos, “los problemas climáticos que seguimos teniendo van a terminar disminuyendo, en alguna medida, el volumen de materia prima disponible”. Eso va a implicar “una reducción de los programas de producción de entre el 25% y el 30%. De los 120 millones de latas que -más o menos- se esperaba hacer, es probable que terminemos en alrededor de 85 millones”.
Pesimismo en el campo El productor de Tupungato, Roberto Meli, admitió que la industria tiene varios problemas: "No tiene dinero, falta crédito y las tasas de interés son altísimas, todo lo cual hace que las fábricas no tengan financiamiento adecuado". No desconoce que "tienen que pagar de contado la hojalata, el azúcar, los sueldos, aumento del precio de la energía", y cree que "todas las medidas económicas que se tomaron beneficiarán a la Pampa Húmeda".
Pero advirtió que el productor también está en situación comprometida. “Los precios de los agroquímicos han subido entre 50% y 60%; una persona no va a trabajar a la finca por menos de 400 ó 500 pesos por día (y el 75% del costo del durazno es mano de obra). Va a haber muchos problemas, porque el productor va a querer cosechar en una o dos pasadas (porque la recolección va a costar casi 60 centavos el kilo), pero el estado de la fruta no da para eso. El que coseche, por poner un número, 100.000 kilos en la semana, tiene que tener semanalmente 60.000 pesos en efectivo para pagar a la gente. Eso, más las cargas sociales. ¡Hay que tener esa plata!”.
Consideró, entonces, que “el productor va a tener problemas pero de precio nadie habla, nadie abre el juego, hay silencio de radio”.
Juan Ruano coincidió que “no se habla de precios”, aunque aclaró: “Es un momento complicado. Para nosotros, lo ideal hubiera sido que el gobierno nacional hubiera asumido seis meses antes, para que -luego de las medidas- ya estuviera medianamente estabilizada la situación macroeconómica. La fábrica no da precio, supongo, porque no tiene las pautas”.
Meli advirtió sobre el riesgo que la cadena sectorial se corte, cosa que ocurre “cuando uno de los eslabones engorda mucho más que los otros”. En ese sentido, señaló: “Creo que estamos viviendo un momento en que la parte de comercialización está engordando demasiado porque se está llevando una tajada muy grande”.
Desde la industria, y en el mismo sentido, Sentinelli dijo que “los únicos ganadores son los supermercadistas, los bancos y Siderar”, y señaló: “Sabemos positivamente que los costos de producción primaria han seguido aumentando. De hecho prácticamente todas las fábricas son productoras”, y aseveró: “No queremos matar al productor. Al precio del durazno lo va a establecer el mercado. Llega un punto en que la cantidad de fruta que hay disponible, la cantidad de envases, le termina poniendo el precio a la materia prima. El año pasado se trabajó de la misma manera”.
Finalmente, Roberto Meli reconoció que “hace quince días había otro ánimo, porque mientras la fruta no está para cosechar se mantiene la esperanza, pero cambió cuando se empezó a ver el efecto real de los problemas sanitarios por el exceso de lluvias, las pérdidas provocadas por la piedra. Por eso es que hoy, hay pesimismo. Reveló que mucha gente que tiene también otras producciones, ya me ha dicho que va a dejar el durazno”.
La industria no tuvo la respuesta deseada
Desde la Cafim esta semana, su presidente, Raúl Giordano, quien está a cargo de la empresa La Joya, estimó que el aumento directo de costos fue del 35% en envases de hojalata e insumos vinculados, luego de la devaluación y previo a la iniciación de la temporada, entre otros temas, están llevando a la industria a la crisis.
Giordano indicó que “las tasas de financiación (negociado de cheques) están por encima del 55% o más, lo que hace inviable el crédito para el desenvolvimiento de nuestra actividad”.
En el comunicado se sostiene que hay un “aumento en los combustibles que impacta directamente en el costo logístico de materia prima y expedición de producto terminado”.
Luis Sentinelli, secretario de Cafim, apuntó que “desde mediados del año pasado advertíamos que las empresas estaban desfinanciadas”. Recordó que en aquel momento plantearon el problema ante referentes de las autoridades provinciales electas “para exponerles la situación bastante complicada que veíamos venir, aun cuando -por supuesto- no había pronósticos de cosecha ni referencias ciertas sobre las medidas económicas que pudiera tomar el nuevo Gobierno nacional”.
Luego, tras la devaluación y el aumento de la tasa de interés y del precio de los combustibles, el panorama se agravó. Se quejó porque “no hubo medidas que acompañaran la devaluación. Confiábamos en que vendría un menú para las economías regionales, pero no llegó nada”.
Reveló que “a principios de enero nos reunimos con funcionarios del área económica del gobierno provincial, que nos llamaron para pedirnos que buscáramos la forma de asegurar un buen precio para el durazno”. Los industriales, en tanto, “esperábamos que nos adelantaran medidas que pudieran aportar competitividad”.
En efecto, en ese encuentro, la industria hizo sus planteos: “Pedimos tasa cero en el impuesto sobre los Ingresos Brutos para el sector industrial y nos dijeron que lo iban a estudiar. Pensábamos que, como habían pregonado los candidatos, íbamos a tener algún beneficio para bajar costos de logística, pero, por el contrario, aumentó el precio de los combustibles. Esperábamos financiamiento blando para capital de trabajo. Nada de eso era posible. A los pocos días, salió la tasa cero para ingresos Brutos pero para empresas, que no son de nuestra actividad, radicadas en los parques industriales de algunos departamentos”.
Resumió que “no podemos financiarnos, aumentaron los combustibles y presumimos una paritaria, para marzo, que terminará siendo muy onerosa”.