13 de agosto de 2026 - 11:44

San Martín sin plata y con la caja al límite: Rufeil salió a buscar fondos

El intendente de San Martín viajó a la Capital Federal para gestionar financiamiento para el complejo deportivo de Palmira. El movimiento expone una dificultad que hasta ahora la comuna había intentado administrar puertas adentro.

Raúl Rufeil no suele viajar a Buenos Aires para golpear puertas en despachos nacionales. Al menos no ha sido una práctica habitual durante su gestión. Por eso, su viaje oficial de estos días tiene una lectura que excede la agenda institucional que difundió la Municipalidad de San Martín.

El intendente fue a buscar recursos.

La versión oficial habla de una reunión con el presidente provisional del Senado de la Nación para abordar “temas de interés para San Martín”, fortalecer el vínculo institucional y poner sobre la mesa proyectos considerados estratégicos para el departamento y la Zona Este. Rufeil estuvo acompañado por el director de Deportes, Darío Vázquez, y por un fotógrafo de prensa.

Pero detrás del comunicado hay una cuestión concreta: el municipio necesita financiamiento para terminar de darle forma a una de las obras que más ha promocionado en los últimos meses, el complejo deportivo de Palmira.

Y allí aparece uno de los problemas centrales de la administración municipal en esta etapa: la obra está en marcha, pero la fuente de financiamiento que debía sostenerla perdió previsibilidad.

Una obra grande para una caja municipal chica

El complejo deportivo de Palmira se proyectó sobre un predio de unas 6,6 hectáreas y fue concebido como un espacio de uso compartido entre el Municipio de San Martín y la Dirección General de Escuelas.

El proyecto incluye un polideportivo cubierto, una pista de atletismo de ocho carriles con tribunas, vestuarios, tres playones deportivos, una cancha de fútbol 11, un salón de usos múltiples, gimnasio, oficinas, parquización e iluminación.

La primera parte ya tiene avances visibles. Los tres playones están terminados y avanzan la pista de atletismo, las tribunas y otras instalaciones.

Pero falta una pieza importante: el polideportivo cubierto.

Ese gimnasio no es un agregado menor. Es uno de los componentes centrales del proyecto original y el que terminaría de convertir al predio en un complejo integral.

El esquema previsto contemplaba fondos municipales y recursos vinculados al financiamiento educativo. También se había establecido un convenio para el uso y administración conjunta entre el municipio y la DGE.

El problema es que los fondos nacionales que alimentaban ese esquema ya no tienen la misma fluidez y previsibilidad.

Para una Municipalidad que debe afrontar salarios, servicios, mantenimiento y funcionamiento cotidiano, poner recursos adicionales en una obra de infraestructura puede significar resignar otras obligaciones.

Por eso Rufeil fue a Buenos Aires.

No para inaugurar algo, sino para intentar conseguir cómo terminarlo.

San Martín: Sin plata y con la caja al límite, Rufeil salió a buscar fondos. (Gentileza Prensa Municipalidad de San Martín)

San Martín: Sin plata y con la caja al límite, Rufeil salió a buscar fondos. (Gentileza Prensa Municipalidad de San Martín)

El dato que explica el viaje: San Martín recauda poco

La situación financiera municipal tiene otro indicador que ayuda a entender el movimiento del intendente.

San Martín tiene una cobrabilidad de tasas municipales de alrededor del 35%. Es decir, aproximadamente dos de cada tres contribuyentes no cumplen regularmente con sus obligaciones municipales.

Rufeil intenta corregir ese problema con una moratoria que ofrece una reducción de hasta el 80% de los intereses para quienes cancelen sus deudas. La estrategia busca transformar deuda acumulada en dinero disponible para la administración.

La moratoria ayuda, pero todavía no parece haber producido el salto de recaudación que el municipio necesita.

Y existe una diferencia sustancial entre recaudar algo más y disponer de recursos suficientes para encarar una obra grande.

Una cosa permite sostener el funcionamiento cotidiano. La otra exige una fuente extraordinaria de financiamiento.

Palmira, entre una promesa y una dependencia

El caso del complejo deportivo muestra una tensión frecuente en la obra pública municipal: anunciar una obra es relativamente sencillo cuando existe una fuente de financiamiento identificada; terminarla puede convertirse en un problema cuando esa fuente se achica o desaparece.

En Palmira ya hay una parte construida. La pista, los playones y las instalaciones complementarias no son una promesa abstracta. Son obra física.

Precisamente por eso el polideportivo cubierto se vuelve más importante.

Dejar el complejo a medio camino significaría que el municipio tendría un predio deportivo importante, pero sin uno de los componentes centrales del proyecto original.

Rufeil necesita evitar ese escenario.

Y para hacerlo está recurriendo a una herramienta que durante buena parte de su administración no pareció necesitar: la gestión política directa ante organismos y dirigentes nacionales.

La reunión que difundió el municipio debe leerse en ese contexto. El comunicado habla de fortalecer el vínculo con Nación, acompañar el crecimiento de San Martín y poner en agenda proyectos estratégicos.

Pero la presencia del director de Deportes junto al intendente aporta una pista bastante precisa sobre una de las prioridades: conseguir financiamiento para el complejo de Palmira.

El tren y una obra que no es de Rufeil

Hay otro elemento político alrededor del viaje.

Rufeil tenía expectativas de mostrar el avance del Tren de Cercanías del Este, una obra que el intendente ha incorporado fuertemente a su discurso sobre el futuro de San Martín y Palmira.

Pero el tren no es una obra municipal. Es un proyecto del Gobierno de Mendoza, impulsado por Alfredo Cornejo.

Las obras comenzaron formalmente el 1 de julio. El proyecto fue ampliado hasta alcanzar 45 kilómetros y contempla una inversión superior a los $219.000 millones.

Rufeil siempre ha querido exhibirlo como una obra decisiva para San Martín, en parte surgida de sus intereses y, de hecho, estuvo presente en el inicio de los trabajos. Pero la decisión política, el financiamiento y la ejecución corresponden a la Provincia.

Eso también marca una diferencia respecto del complejo de Palmira.

En el tren, Rufeil puede acompañar.

En el polideportivo, tiene que conseguir recursos.

El cambio de método

Durante las gestiones anteriores era habitual ver a los intendentes del Este viajar a Buenos Aires, reunirse con funcionarios nacionales y gestionar programas, obras y financiamiento.

Rufeil no convirtió esa práctica en una rutina.

Su administración se apoyó mucho más en la relación con la Provincia y en la administración de los recursos propios y coparticipables.

El escenario actual parece estar obligándolo a cambiar de método.

No necesariamente porque haya cambiado su forma de entender la gestión, sino porque cambió el contexto.

La Nación dejó de ser una fuente habitual de financiamiento para buena parte de la obra pública municipal. La Provincia también tiene recursos limitados y concentra sus esfuerzos en sus propias prioridades.

Los municipios quedaron en una zona incómoda: deben sostener servicios y salarios y, al mismo tiempo, responder a vecinos que esperan obras.

En San Martín hay además una debilidad propia: la baja cobrabilidad.

Con apenas alrededor de un tercio de los contribuyentes pagando regularmente, el margen para financiar grandes obras exclusivamente con recursos municipales es estrecho.

Por eso la moratoria no es solamente una herramienta tributaria. Es parte de una estrategia para recuperar capacidad financiera.

El costo político de una obra inconclusa

El complejo deportivo de Palmira tiene otra particularidad: es una obra que Rufeil ha mostrado mucho.

Eso genera una obligación política adicional.

Cuando una gestión presenta una obra como uno de sus proyectos destacados, después necesita terminarla. El electorado puede tolerar que una idea no avance. Es más difícil explicar por qué una obra ya comenzada quedó inconclusa.

Por eso el viaje a Buenos Aires tiene una lectura política que excede la agenda institucional.

Rufeil está buscando dinero para una obra que necesita completar y que, además, tiene una fuerte carga simbólica para su administración.

El problema no es solamente cuánto cuesta el polideportivo.

El problema es quién pone el dinero.

2027 ya aparece en el horizonte

A todo esto se suma una cuestión política: Rufeil transita el tramo final de su segundo mandato y no podrá buscar una nueva reelección en 2027.

Eso modifica el escenario.

Ya no se trata solamente de administrar el presente. También empieza a definirse quién recibirá la Municipalidad después de diciembre del próximo año.

Detrás del intendente hay dirigentes que aspiran a ocupar ese lugar.

Cada obra, cada inauguración y cada dificultad financiera adquieren entonces una lectura interna dentro del oficialismo.

El sucesor de Rufeil heredará las obras terminadas, pero también las que queden pendientes. Heredará una administración que el intendente busca mostrar como ordenada, pero también una estructura de recaudación que hoy presenta una debilidad evidente.

Y heredará, sobre todo, la relación con Provincia y Nación.

Por eso el viaje a Buenos Aires tiene un significado particular.

No hay nada excepcional en que un intendente gestione recursos. De hecho, es parte de su función. Lo significativo es que para Rufeil representa un cambio respecto de una práctica que no había sido central durante su mandato.

La estrechez de la caja parece haber convertido una opción política en una necesidad administrativa.

La escena, en definitiva, es sencilla: un intendente que durante años no necesitó viajar demasiado para pedir fondos ahora tiene que hacerlo.

No necesariamente porque su administración haya fracasado, sino porque el escenario financiero cambió y porque hay obras que debe terminar.

En Palmira están los playones, la pista y parte de la infraestructura. Falta el polideportivo que complete el proyecto.

En las cuentas municipales está el otro problema: una cobrabilidad baja y una moratoria que busca convencer a los contribuyentes de que vuelvan a pagar.

Y en el horizonte aparece 2027, con Rufeil fuera de la carrera y varios dirigentes mirando el lugar que dejará.

En ese contexto, Buenos Aires deja de ser una escala protocolar.

Es una ventanilla.

Y Rufeil, esta vez, tuvo que ir a golpearla.

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