Los 200 mil desencantados que no eligieron a ninguno y todos quieren seducir

Alfredo Cornejo y Anabel Fernández Sagasti son rivales directos en la contienda electoral.
Alfredo Cornejo y Anabel Fernández Sagasti son rivales directos en la contienda electoral.

Apuntan a los votos en blanco y a los que no fueron a las PASO pero asistirán a la general. En el radicalismo reconocen que “es imposible” quedarse con cuatro diputados nacionales. Y el peronismo tiene el desafío de contener a la tropa. El FIT cree que puede sumar gracias al giro “a la derecha” del Gobierno nacional.

Pasado el vendaval de los festejos, los lamentos, las crisis internas y las dudas, todos los frentes que competirán en Mendoza el 14 de noviembre hacen cuentas y se plantean nuevas metas. Algunos se entusiasman y van por más, empujados por un triunfo mayor al esperado; otros se vuelven realistas, aplastados por una derrota peor que la esperada.

En lo que todos coinciden es en una gran pregunta: ¿de dónde sacar más votos? Y la primera respuesta que aparece plantea un objetivo doble: los votos en blanco y los que no fueron a votar en las primarias pero siempre lo hacen en las generales. La porción suena tentadora esta vez: son 200 mil votantes que ilusionan a todos, pero muy difíciles de conquistar.

La gran mayoría de ellos son desencantados, no con un partido sino con todos. La política o al menos las opciones que les ofrece el menú electoral actual les provocan un profundo rechazo.

Aunque ambos grupos tienen explicaciones distintas.

Los más de 110 mil votos en blanco en las categorías de senadores y diputados nacionales se explican en mayor medida por el enojo hacia todos y también porque en las PASO más de 37 mil mendocinos se inclinaron por el Partido de los Jubilados, que no tiene postulantes al Congreso.

Todos esos votantes son codiciados por sus rivales, aunque más no sea para que esta vez corten boleta y metan a los candidatos nacionales de alguno de ellos.

El objetivo es conquistar a esos que se tomaron el tiempo para ir a votar y dejaron expresado su descontento.

El voto en blanco no es la única preocupación de los estrategas electorales. Al fin de cuentas, en las generales se sacan de la cuenta que define porcentajes y bancas. De hecho, los 42,4 y los 25,3 puntos que obtuvieron Cambia Mendoza y el Frente de Todos automáticamente se transformarían en 47,5 y 28,3 por ciento, respectivamente.

También están atentos en los partidos, sobre todo, a que el domingo de las PASO fue a votar el 73,86% del padrón y esa asistencia generalmente se eleva en las generales a 79/80%. Son al menos 90 mil votantes que aún no se pronunciaron por nadie y que el 14 de noviembre seguramente lo harán. A quién le darán su apoyo es impredecible.

Los votantes de los otros

Menos cuantificables son aquellos que en las PASO tienen lo que la consultora Martha Reale, habitual encuestadora del radicalismo, define como una actitud más “lúdica” con el voto y se inclinan por alguna fuerza de las llamadas chicas que le simpatiza, pero que llegado el momento de la verdad terminan optando por los que expresan proyectos de poder más contundentes.

El Partido Verde y el FIT, en ese orden, quedaron posicionados para convertirse en la tercera fuerza, aunque hayan obtenido apenas cinco puntos, y debido a eso difícilmente pierdan adherentes. Por el contrario, seguramente sumen. Los primeros aspiran a crecer con votos de las tres opciones que terminaron al final de la tabla y la izquierda, con votantes del kirchnerismo desencantados por la derrota y también por el giro “a la derecha” que dio el Gobierno nacional con el nuevo gabinete.

Entre los restantes competidores, la verdad es que no hay mucho allí que se pueda exprimir: el Partido Federal, Compromiso Federal y Vamos Mendocinos reunieron individualmente menos votos que los anulados y sumados representan menos que los que pusieron el sobre vacío en la urna.

Por eso arrecian los rumores sobre el futuro de esas tres boletas, con pedidos subterráneos y explícitos para que no continúen en carrera. Cambia Mendoza pretende los votos de sus ex aliados del PD que armaron Vamos Mendocinos y el Frente de Todos, los del peronismo contenido por Compromiso Federal, de Jorge Pujol.

La experiencia de los últimos diez años muestra que generalmente el ganador de las PASO amplía su ventaja en la general. Todos quieren subirse al carro del vencedor, ser parte del triunfo, y por eso todo indicaría que el gran beneficiado en la redistribución y captación de nuevos votos será la alianza liderada por la UCR.

Sólo una vez no se cumplió esa regla y fue en la presidencial de 2019, cuando Mauricio Macri, con un brusco giro de campaña y una mayor concurrencia de votantes, logró descontar la amplia diferencia que le había sacado Alberto Fernández.

Además de los 200 mil mendocinos que no eligieron a ninguno y del “efecto contagio”, hay otra canasta de la que planea nutrirse Cambia Mendoza para engordar su porcentaje: los votos de las colectoras del peronismo que fueron derrotadas en la interna. Hay antecedentes que avalan esa pretensión. En las PASO de 2019, el Frente de Todos ganó San Martín y Malargüe, pero los perdió en la general. En el departamento sureño, también ocurrió lo mismo en 2015.

El oficialismo apuesta a revertir la derrota en Tupungato y Malargüe en el tramo de concejales, y parece muy probable. San Carlos es el otro territorio propio donde perdió y que cree recuperable, aunque a priori los números son más complicados: la ventaja peronista fue en todas las categorías y nunca se sabe allí cómo va a actuar ese aliado inasible que es Jorge Difonso.

Pese al optimismo oficialista, hay una meta que creen de imposible cumplimiento y es la de quedarse con cuatro de las cinco bancas de diputados nacionales que hay en juego. Ese objetivo lo mencionó en entrevistas radiales el gobernador, Rodolfo Suárez, tal vez empujado por el fervor de la victoria.

Para que ello ocurra, Cambia Mendoza debería obtener el doble de votos que el Frente de Todos y el cuádruple que el tercero. O sea que, aun si el peronismo no sumara ni un solo voto, la alianza de la UCR y el Pro debería captar 85 mil nuevos apoyos. O dicho en porcentajes, que la lista liderada por Adolfo Bermejo se quede en el 28,3% y la de Julio Cobos crezca al 56,6%. “Eso es imposible”, se sinceró uno de los estrategas radicales, sorprendido aún por la declaración de Suárez.

Si es cierto que ampliar aún más la brecha en noviembre le permitiría ganar más bancas en la Legislatura provincial, tal vez su principal objetivo, y con eso construir una hegemonía en ambas cámaras que sólo tuvo el peronismo de Bordón, Gabrielli y Lafalla a principios de los `90.

El giro desesperado del peronismo

El Frente de Todos se plantea, ante todo, retener los votos de todas sus colectoras y para eso precisamente, entre otros motivos, designaron al conciliador Martín Aveiro en lugar del más explosivo Lucas Ilardo. Así como en el Gobierno nacional y en la provincia de Buenos Aires, hubo acá una apuesta al peronismo territorial.

Hay dos datos que entusiasmaron tras el escrutinio definitivo: Anabel Fernández Sagasti obtuvo más votos que Alfredo Cornejo en San Martín y San Rafael, aunque la cuenta final muestra ganador al frente oficialista por la sumatoria de su boleta B.

Pero también es cierto que el peronismo, a todos los motivos por los cuales perdió hace tres domingos, ha sumado otro riesgo potencial: la profunda crisis que causó la derrota en el Gobierno nacional, con un cambio de gabinete ejecutado por el presidente, Alberto Fernández, pero forzado por la vice, Cristina Fernández.

Esa renovación no fue tal: todos los designados ya ocuparon cargos durante los primeros doce años del kirchnerismo en el gobierno y apuntan a contener más la fuga de votos propios que a captar nuevos. De hecho, cada aparición de Aníbal Fernández, cuya verborragia es aplaudida por la tribuna K, espanta a los moderados.

Durante toda la semana pasada y la presente, el Gobierno ha buscado mostrarse activo con anuncios de medidas económicas que benefician a distintos sectores, pero esas mejoras circunstanciales difícilmente sean percibidas como tales en el poco tiempo que resta hasta la elección, al menos en Mendoza.

Reale explica que el 85 por ciento del electorado vota por valores identitarios, sobre todo en contra de aquel que no quiere, y el 15 por ciento restante vota con el bolsillo. Este grupo, aunque minoritario, es el que fluctúa de una votación a otra y el que termina definiendo al ganador.

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