El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, describió el exterminio de un millón y medio de armenios a manos del Imperio Otomano como una “terrible carnicería”, pero evitó referirse al hecho como un “genocidio”, al cumplirse ayer el centenario de la matanza.
“El pueblo armenio fue deportado, masacrado, y marchó hacia la muerte. Su cultura y el patrimonio en su antigua patria fueron borrados por el Imperio Otomano”, dijo en una declaración cuidadosamente redactada por la Casa Blanca. El mandatario subrayó que la diáspora armenia (calculada en 8 millones de personas en el mundo) realizó “valiosas contribuciones en los países donde se establecieron, entre ellos Estados Unidos”.
Obama evitó denominar a la matanza como “genocidio”, calificación que rechaza Turquía, único país musulmán miembro de la OTAN y aliado de Estados Unidos en la región.