Conflicto Israelí-Palestino
Hace muchos años visité el Museo del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem). Caminé despacio, atravesado por la emoción, a través de la llamada “Avenida de los Justos”, esa calle en la que cada árbol eterniza la memoria de aquellos no judíos que pusieron en juego su propia vida para proteger a judíos. Hoy encuentro en el documental sobre Gaza realizado por Yuval Abraham y Rachel Szor aquel mismo coraje en la denuncia, aquel mismo amor por el otro que impulsó a aquellos justos.
Conflicto Israelí-Palestino
No en mi nombre: Hoy Auschwitz se pronuncia Gaza
Ventanita:
“NAZA”, acrónimo de la expresión hebrea “nezek agavi” (daño colateral), es el documental recientemente premiado en el Festival de Venecia, escrito y dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, en el que se narran y denuncian las atrocidades cometidas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en Gaza. La película recibió una ovación de más de 25 minutos.
José Niemetz
Docente y escritor. Ganador del Premio Novela Clarín 2018.
Texto de la nota:
«Ahora se ha llegado al exterminio,
a la decisión maniática de la aniquilación
total de los judíos de Europa.» — Thomas Mann, 27 de septiembre de 1942.
“NAZA”, acrónimo de la expresión hebrea “nezek agavi” (daño colateral), es el documental recientemente premiado en el Festival de Venecia, escrito y dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, en el que se narran y denuncian las atrocidades cometidas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en Gaza. La película recibió una ovación de más de 25 minutos.
Al igual que la mayoría de quienes hasta el día de hoy han hablado sobre “NAZA”, lo haré sin haberla visto. En principio hay que decir que llama poderosamente la atención comprobar que un documental que aún no ha sido distribuido en cines ni en plataformas suscite tamaña polémica.
Para quienes seguimos día a día los crímenes que Israel realiza en Gaza —y en el Líbano, en Siria y en Cisjordania— no debería resultar sorprendente aquello que esta película muestra. ¿Acaso puede sorprender que un ejército realice el cálculo de los “daños colaterales” que una determinada acción militar provocará? También hay que decir que, si alguien, con argumentos de lo más desopilantes, es capaz de justificar un genocidio, no debería llamar la atención que se indigne ante quienes lo denuncian y que su sueño húmedo consista en linchar al mensajero.
Creo que la verdadera “explosión” que provocó “NAZA” no se debe tanto a su contenido como a quienes lo realizaron. El hecho de que Yuval Abraham y Rachel Szor sean israelíes explica buena parte de lo que está ocurriendo con el documental. Resulta profundamente desolador que lo que escandalice no sea el genocidio que se está perpetrando en Gaza, sino su denuncia.
Elegí esa frase de Thomas Mann para colocarla como epígrafe de la presente nota porque contiene, a mi juicio, un detalle altamente significativo: la expresó un alemán, y no después de la guerra, sino durante los momentos más atroces del genocidio nazi.
Así como los tomadores de decisiones del ejército israelí cuentan con una IA para calcular los “costos colaterales” de sus acciones, yo también le consulté a la inteligencia artificial para que me mencionara, además de Thomas Mann, los nombres de los intelectuales, escritores, artistas o periodistas que se atrevieron a denunciar las masacres de judíos desde el interior mismo de la Alemania nazi. Me citó algunos. ¡Tan pocos! ¡Tan poquitos! Algunos de ellos lograron huir; otros fueron asesinados como traidores al Reich. (Dietrich Bonhoeffer, Hans y Sophie Scholl).
Sé perfectamente que la Shoá no es equivalente al genocidio en Gaza (ni lo es al que sufrió el pueblo armenio, ni al que diezmó a los pueblos originarios de América, ni al perpetrado por la civilización europea en África, ni al de Estados Unidos en buena parte del planeta, ni al de Rusia con su propio pueblo, ni al de Japón en China, ni…). Lo que definitivamente vincula todos estos crímenes es la indescriptible deshumanización con la que fueron perpetrados: el hecho de haber transformado al otro en una bestia indigna de vivir.
No puedo hallar una manera mejor manera de ilustrar lo que pretendo explicar que la declaración del exministro de Seguridad israelí Ben Gvir: “Hay personas allí que no son dignas de vivir. No deberían vivir. Ni siquiera son personas”.
Los argentinos podemos aprender mucho leyendo en nuestras propias cicatrices. Mientras la enorme mayoría de la prensa callaba (o se hacía cómplice), Rodolfo Walsh denunció en 1977 a la dictadura argentina en su Carta Abierta: “Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido”.
Hace muchos años visité el Museo del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem). Caminé despacio, atravesado por la emoción, a través de la llamada “Avenida de los Justos”, esa calle en la que cada árbol eterniza la memoria de aquellos no judíos que pusieron en juego su propia vida para proteger a judíos. Hoy encuentro en Yuval Abraham y Rachel Szor aquel mismo coraje en la denuncia, aquel mismo amor por el otro que impulsó a aquellos justos.
Recientemente, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu declaró: “Estamos luchando contra la incitación antisemita en todo el mundo, pero cuando proviene de nuestras propias filas, es intolerable”. Nada más alejado de la realidad. No es un acto de antisemitismo denunciar un genocidio. Todo lo contrario. Nada enseña tanto la Torá como el amor al prójimo, al extranjero, al desvalido; la indignación ante la injusticia y la denuncia de la atrocidad del “impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo”.
A través de un complejísimo proceso propagandístico, el Estado de Israel ha logrado arrogarse la representación de los judíos de todo el mundo (cuando ni siquiera la mitad de los judíos viven allí). Cada vez somos más los judíos no sionistas que denunciamos y repudiamos este espurio liderazgo.
Por eso repetimos, en cada oportunidad que se nos presenta: NO EN MI NOMBRE.
* El autor es docente y escritor. Ganador del Premio Novela Clarín 2018.