17 de octubre de 2026 - 00:15

El hospital público no es la obra social de los pobres

El hospital público es una inversión que realiza toda la sociedad y, por lo tanto, constituye un recurso sanitario de todos los ciudadanos, tengan o no una cobertura adicional.

    Hay un error conceptual profundamente instalado en nuestro sistema sanitario: pensar que el hospital público es el lugar donde se atienden quienes no tienen obra social ni medicina prepaga.

    Esta concepción termina convirtiendo al hospital público, en los hechos, en una especie de obra social para pobres.

    Creo que debemos discutir exactamente lo contrario.

    El hospital público es una inversión que realiza toda la sociedad y, por lo tanto, constituye un recurso sanitario de todos los ciudadanos, tengan o no una cobertura adicional.

    Una persona que posee una obra social o contrata una medicina prepaga no deja por ello de ser ciudadano, ni deja de pagar impuestos, ni pierde su derecho a utilizar la infraestructura sanitaria que el Estado financia con esos impuestos.

    La confusión nace, en buena medida, de haber invertido las responsabilidades.

    El Estado no debería ser el garante subsidiario del derecho a la salud, llamado a intervenir solamente cuando una obra social, una prepaga o algún otro financiador no puede o no quiere responder.

    El Estado es el garante primario del derecho a la salud.

    Las obras sociales y las empresas de medicina prepaga constituyen mecanismos adicionales de cobertura. Pueden ampliar posibilidades de elección, acceso, comodidad, redes prestacionales o determinadas prestaciones. Pero su existencia no debería liberar al Estado de su responsabilidad sanitaria respecto de esos mismos ciudadanos.

    Esto permite entender también por qué resulta insuficiente considerar al hospital público como la solución sanitaria para quienes carecen de recursos.

    Una persona sin obra social no necesita solamente un hospital cuando debe internarse.

    Necesita medicamentos. Necesita estudios. Necesita consultas. Necesita rehabilitación. Necesita atención ambulatoria. Necesita prevención.

    En definitiva, necesita cobertura de salud, no simplemente acceso a un edificio llamado hospital.

    Si el objetivo fuera exclusivamente garantizar cobertura a las personas que carecen de recursos, el Estado podría hacerlo mediante diferentes mecanismos: un seguro público, un sistema de cobertura estatal, financiamiento por persona u otros instrumentos.

    Pero ésa es una cuestión diferente de la existencia del hospital público.

    El hospital es infraestructura sanitaria. Es capacidad instalada. Es inversión social. Y debe estar al servicio de toda la población.

    Por eso deberíamos comenzar a pensar nuestro sistema desde otra perspectiva: un sistema público universal como base; y sistemas de cobertura adicionales como complemento.

    No se trata de eliminar las obras sociales ni la medicina privada. Por el contrario, pueden desempeñar un papel importante dentro de un sistema plural.

    Se trata de ordenar correctamente las responsabilidades.

    Primero está la obligación del Estado de garantizar el derecho a la salud de todos.

    Después pueden existir distintos mecanismos mediante los cuales cada persona amplíe, complemente u organice esa cobertura.

    La diferencia no es solamente semántica.

    Mientras sigamos pensando que el hospital público es para quien “no tiene cobertura”, estaremos aceptando implícitamente que quien posee una obra social o una prepaga dejó de pertenecer al sistema público.

    Y eso conduce a una paradoja: una persona financia mediante sus impuestos el hospital público, pero cuando necesita utilizarlo aparece conceptualmente como alguien cuyo verdadero responsable debería ser otro.

    Quizás haya llegado el momento de invertir la pregunta.

    En lugar de preguntarnos “¿por qué una persona que tiene obra social utiliza el hospital público?”, deberíamos preguntarnos: "¿por qué una persona debería perder el derecho a utilizar un servicio público que también financia simplemente porque decidió contar, además, con una cobertura complementaria?"

    El hospital público no es el hospital de quienes no tienen otra cosa.

    Es el hospital de todos.

    * El autor fue presidente de OSEP. Vicepresidente primero CEMPRA, Cámara de entidades de medicina privada de la República Argentina.

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