El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, envió al Congreso de su país una nota oficial donde expresa su apoyo al retiro de Cuba de la lista de países que apoyan al terrorismo. Se trata de un paso clave para normalizar las relaciones bilaterales.
Por ley, 45 días antes de tomar una decisión de este tipo, el gobierno estadounidense debe informar al Congreso. Es un paso riesgoso ya que en ese lapso los legisladores pueden bloquear la medida mediante una resolución bicameral. La oposición republicana, que domina el Parlamento, ya expresó su rechazo a cualquier acercamiento con la isla.
En una breve carta de apenas cuatro párrafos, Obama expresó que está en condiciones de certificar que Cuba “no ha proporcionado soporte al terrorismo internacional en los últimos seis meses”, y que el gobierno de La Habana “ha ofrecido garantías de que no apoyará actos de terrorismo internacional en el futuro”.
Por ese motivo, agrega, “el Departamento de Estado recomendó que el presidente someta al Congreso el informe y la certificación requerida por los estatutos”.
La medida era una de las exigencias más reiteradas por el gobierno de Raúl Castro en las actuales negociaciones diplomáticas para restablecer relaciones. La isla está desde 1982 en la “lista negra”, junto con Irán, Sudán y Siria, fundamentalmente por acusaciones de apoyar a grupos terroristas de otros países.
Washington y La Habana anunciaron el pasado 17 de diciembre un acuerdo para retomar las relaciones diplomáticas rotas en 1961. Ambos países negocian desde finales de enero la prevista reapertura de embajadas, y este paso de Obama podría allanar el camino para lograrlo.
El anuncio tiene lugar pocos días después de que Obama celebrara una histórica reunión con su homólogo cubano Raúl Castro, en el marco de la Cumbre de las Américas de Panamá. Es el primer encuentro a ese nivel entre ambos países en más de 50 años.
La inclusión de Cuba en la lista implica una serie de sanciones contra la isla, como restricción a todo tipo de asistencia por parte de EEUU -incluso a través de organismos internacionales-, el comercio de armas y al acceso a los mercados financieros internacionales. El gobierno de Castro venía reclamando este cambio, para eliminar todos estos obstáculos.