13 de mayo de 2016 - 00:00

Nuevas caras pero iguales urgencias

Aunque respaldado por los mercados, el nuevo presidente interino enfrenta una ola de problemas, casi los mismos que condujeron a la agonía del gobierno del PT y la traumática destitución de Dilma Rousseff.

Llega sin el aval que dan las urnas y con un bajísimo apoyo popular: apenas entre 1% y 2% de los brasileños votarían por él para presidente, según un sondeo reciente.

Considerado un hábil tejedor de relaciones políticas, Temer, es al mismo tiempo una pieza permanente del ajedrez del poder brasileño y una figura relativamente desconocida para el gran público.

Bombardeado de acusaciones de golpista por parte de Rousseff, Temer no podrá apoyarse ni en el carisma ni en la retórica habitual de los líderes fuertes de América Latina, que no forman parte de su andamiaje personal.

“Es discreto, menos conocido que Rousseff, pero va a heredar buena parte de la insatisfacción que hay con la política tradicional que él representa. No le va a ser fácil presentarse como un hombre nuevo sin relación con los que cayeron”, dijo Thiago Bottino, analista de la Fundación Getulio Vargas. Sus asesores proyectan un gobierno bien articulado con el Congreso y de perfil tecnócrata.

Autor de un libro de poemas vapuleado por la crítica, Temer representa el poder establecido del gran país de Sudamérica.

En contraste, el PT levantó banderas de derechos laborales, programas sociales y una robusta agenda de nuevos derechos, que incluyó la reivindicación de la libre elección sexual, una definición amplia de familia y permitió la adopción a parejas homosexuales.

“Hay un gran recelo de que una serie de avances de los últimos años de los gobiernos del PT, avances sociales, derechos laborales, vayan a retroceder”, dijo Debora Messenberg, especialista en sociología política de la Universidad de Brasilia.

Tal vez la mayor esperanza del “gobierno Temer” y uno de los capítulos más espinosos de Brasil en 2016 sea pasar de un modelo de mayor intervención en la economía a uno de sesgo liberal.

El país tendrá que moverse rápido para minimizar el daño en momentos en que se encamina a su primer bienio recesivo desde la década de 1930 y a su mayor pérdida de riqueza en un siglo. Con el desplome del 3,8% del PBI en 2015 y las perspectivas de repetir ese rojo este año y de crecer cero en 2017, la estructura macroeconómica del gigante sudamericano cruje después de un largo ciclo de aletargamiento.

El desempleo saltó al 10,9% en la medición trimestral a marzo, la inflación marcó 9,28% en abril y el déficit fiscal primario fue de 2,28 puntos del PBI en la última medición a 12 meses.

Con un horizonte de deuda complejo, los mercados tienen muchas expectativas con el plan liberal que dejó entrever Temer en su programa “Un puente para el futuro”, que tiene un paquete de medidas de shock para sacar a Brasil de la recesión.

También deberá enfrentar la corrupción en Petrobras, una gigantesca confabulación de empresarios y políticos que desvió miles de millones de dólares de la empresa estatal.

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