16 de marzo de 2013 - 22:13

Nueva tierra y nuevo cielo

Cuando Íñigo de Loyola (canonizado como San Ignacio de Loyola en 1622, junto a Teresa de Ávila y Francisco Javier), inspirado por el Espíritu Santo funda en 1540 la Compañía de Jesús, está echando las bases de una gran familia religiosa que tendrá como objetivo trabajar por el Reino “bajo la obediencia del Romano Pontífice y sus sucesores”.

Casi seguro es que jamás pensó que uno de sus hijos, y bajo la misma inspiración de ese Espíritu que dirige su vida toda, un día ocuparía la sede del que es el “Siervo de los Siervos de Dios” en la misión de presidir, animar y gobernar la Iglesia que fundara el que vino a la Tierra “no a ser servido sino a servir” a sus hermanos, los hombres y mujeres de todos los tiempos.

El Romano Pontífice, que hoy es el que sigue a Pedro y a los compañeros de Jesús, es hijo de un Ignacio “desgarrado y vano”, que sigue llamando a la construcción de un Reino de verdad, de justicia, de paz y de amor.

Nosotros, llamados a seguir esa espiritualidad de “servicio por amor”, queremos acompañar a nuestro hermano Jorge Mario Bergoglio (quien quiso tomar el nombre de Francisco, amante de la pobreza, la sencillez y la humildad) con nuestra oración y aprecio, en esta nueva misión evangelizadora.

Queremos alentar y animar el trabajo generoso y compartido, orante y esperanzador, de laicos y consagrados, en comunión con nuestro Arzobispo Carlos María, para contribuir a la realidad de “una nueva tierra y un nuevo cielo” que alimente y desarrolle nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor a todos, en busca de un nuevo horizonte humano.

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