Trece años después de los ataques del 11 de setiembre de 2001, se suponía que a esta altura Irak manejaría sus propios asuntos y que el grueso de los soldados enviados a Afganistán ya no realizarían misiones de combate. Los estadounidenses, sin embargo, se preparan para otra escalada militar en una región donde una guerra da paso a otra. Toda una generación se ha criado a la sombra de estos conflictos y no se ve la luz al final del túnel.
“La Guerra Fría tomó 45 años”, expresó Elliot Abrams, veterano diplomático. “Es probable que ahora suceda lo mismo. Cuesta vislumbrar el final”. Por ahora el presidente Obama parece tener apoyo de los dos grandes partidos antes de anunciar sus planes de expandir las operaciones contra el Estado Islámico que ha tomado el control de grandes sectores de Irak y Siria. Su gobierno advirtió que esta campaña podría tomar varios años.
A corto plazo, la opinión pública está con él: una nueva encuesta del Washington Post-ABC News indicó que el 71% de los consultados apoya los ataques aéreos contra el EI, comparado con el 45% de junio. A largo plazo, una encuesta del Centro de Investigaciones Pew y USA Today señaló que la mayoría de los estadounidenses considera que el mundo es cada día más peligroso y espera que la influencia del Islam aumente.
Expertos en Oriente Medio dicen que cuesta pronosticar una victoria total de EEUU y sus aliados a corto plazo. “Está claro que los estadounidenses están dispuestos a iniciar lo que se perfila como una guerra en la que no se vislumbra un final rápido”, afirmó Hilal Khashan, de la Universidad Americana de Beirut. “Los estadounidenses saben cómo empezar una guerra, pero no saben cómo terminarla”, agregó.