Frank y Monica Woll adquirieron en 2016 dos pequeñas islas en los Cayos de Florida, conocidas como Molasses Keys, buscando un retiro pacífico dedicado a la conservación ambiental. Sin embargo, la fuerza de los recientes huracanes ha erosionado aceleradamente la superficie de su propiedad, transformando su descanso en una batalla diaria contra el mar.
Tras décadas de operar un negocio de equipamiento para navegación en Key Largo, la pareja optó por cuidar este frágil ecosistema de manglares y arena en lugar de construir un desarrollo turístico convencional. Su proyecto de administración permitía visitas diurnas y campistas bajo la estricta condición de dejar el entorno intacto.
¿Por qué los huracanes erosionan tan rápido las islas de Florida?
La rápida pérdida de terreno en islas de baja altitud responde a la combinación de marejadas ciclónicas y la fragilidad del suelo arenoso. Cuando un huracán transita cerca, la fuerza del oleaje golpea directamente las bermas orientales, barriendo sedimentos acumulados durante siglos en un solo ciclo de marea. Al carecer de elevaciones rocosas sólidas, la supervivencia de estas islas depende enteramente de las raíces de los manglares para retener la arena frente al viento y el agua. Sin esta cohesión biológica activa, las corrientes marinas arrastran el sedimento hacia mar abierto sin posibilidad de retorno natural inmediato.
De acuerdo con sus propios materiales de conservación, estas islas son consideradas áreas "ambientalmente sensibles" que sirven de hogar a aves anidadoras, diversas especies de cangrejos y densos bosques de manglar.
Estudios del Servicio Geológico de Estados Unidos confirman la magnitud de este fenómeno, detallando pérdidas de entre el 32% y el 42% del ancho de la berma oriental en islas vecinas tras el paso del huracán Irma en 2017. Aunque no hay un censo exacto sobre la reducción de las Molasses Keys, el paisaje actual muestra un encogimiento evidente.
¿Cómo intenta la pareja salvar sus islas del avance del mar?
A pesar del retroceso de la línea costera, los Woll se niegan a abandonar su proyecto de conservación y recurren a métodos manuales para frenar el desgaste. La pareja apila rocas en las orillas más expuestas y siembra pacientemente plántulas de manglar.
Esta restauración forestal resulta sumamente compleja en cayos azotados por tempestades, debido al choque de salinidad y a la fuerza constante de las mareas que amenazan con arrancar los brotes antes de que fijen sus raíces al subsuelo.