La promesa de la moda sustentable basada en poliéster reciclado esconde una realidad incómoda. Aunque vestir prendas fabricadas con botellas plásticas parece un triunfo de la economía circular, este proceso desvía el plástico de un sistema de reciclaje eficiente y lo dirige directamente hacia vertederos e hilos imposibles de procesar.
El mercado de la moda utiliza cada vez más poliéster reciclado para disminuir el uso de fibras sintéticas vírgenes. No obstante, casi la totalidad de este insumo no proviene de prendas viejas, sino de envases de bebidas hechos de tereftalato de polietileno (PET). De hecho, el 93% de los textiles reciclados tienen su origen en botellas de plástico.
¿Por qué las botellas de plástico no se pueden reciclar para siempre?
El problema radica en la degradación del material y la composición de la ropa. Mientras que una botella plástica de refresco tiene la capacidad de ser reciclada entre cinco y seis veces, una camiseta elaborada con poliéster reciclado difícilmente puede volver a procesarse. Esto ocurre porque el poliéster de las prendas suele mezclarse con materiales como elastano o Lycra. Separar estas fibras mixtas exige tecnologías complejas que todavía no se han desarrollado a escala comercial. Así, al transformar la botella en tela, se anula la posibilidad de que el plástico siga circulando y se acelera su conversión en basura definitiva.
Este callejón sin salida tecnológico provoca que toneladas de ropa terminen fuera de sus fronteras de origen. Al no poder reciclarse localmente, las prendas usadas son exportadas masivamente. Los datos revelan que las exportaciones de textiles usados de la Unión Europea se triplicaron entre 2000 y 2019, alcanzando casi 1.7 millones de toneladas métricas anuales.
¿Dónde termina la ropa ecológica que ya no se recicla?
Gran parte de este cargamento tiene como destino final países en desarrollo. En 2019, el 46% de los textiles usados exportados por la Unión Europea se envió a África y un 41% a Asia. Mercados como el de Kantamanto en Accra, Ghana, reciben enormes volúmenes de ropa de segunda mano. Sin embargo, la baja calidad de las prendas y la limitada capacidad local para gestionar residuos provocan que terminen contaminando playas y mares.
La activista Urska Trunk, de la organización Changing Markets, explicó a la AFP que una botella de plástico se puede reciclar de cinco a seis veces, mientras que una camiseta hecha con poliéster reciclado puede que ya no sea reciclable. Sin reducir el consumo de moda rápida, el reciclaje de botellas solo pospone el colapso ambiental.