Kari Vallden, un ciudadano finlandés de 79 años, inició una búsqueda pública para localizar al dueño de una billetera con dinero que encontró en una cabina telefónica en 1968 y se apropió, un episodio que lo atormentó durante 57 años y que intentó reparar mediante una donación de 850 euros a un refugio.
El hecho ocurrió en la ciudad de Lahti cuando Vallden tenía 21 años. Acababa de completar el servicio militar obligatorio, afrontaba la ruptura de su matrimonio y atravesaba un período de inestabilidad personal mientras intentaba reorganizar su vida.
Qué pasó en la cabina telefónica de Lahti en 1968
Aquella jornada de 1968 acudió a la cabina pública situada en la plaza del mercado para llamar por teléfono a un amigo y coordinar una salida a tomar cervezas. Al ingresar al habitáculo divisó la billetera olvidada, en cuyo interior había unos 280 marcos finlandeses, una suma equivalente en la actualidad a cerca de 500 euros.
Frente a un monto significativo para su precaria situación económica de entonces, tomó una determinación en cuestión de segundos: extrajo el efectivo y abandonó la billetera vacía en el lugar. Sin embargo, el remordimiento apareció de inmediato.
El intento fallido de borrar los rastros
Regresó poco después con la intención de revertir lo ocurrido, pero no reunió el valor necesario para afrontar el hecho y optó por ocultar las pruebas arrojando el billetero a una alcantarilla con la convicción de que el incidente quedaría sepultado para siempre.
Con el paso de los años, Vallden reencauzó su destino: cursó estudios de economía, trabajó durante más de tres décadas en un centro informático estatal y participó en tres misiones internacionales de paz. En ese trayecto también experimentó dolorosas pérdidas personales tras la muerte de uno de sus hijos a causa del cáncer y el posterior fallecimiento de su esposa.
La donación al Centro de Refugio y Protección de Mujeres y Niños de Lahti
Pese a construir una realidad completamente distinta, el recuerdo de aquel error juvenil persistió intacto en su memoria. Decidido a no dejar la historia inconclusa, calculó el valor actualizado del dinero sustraído y le añadió una cifra extra como compensación simbólica, reuniendo un total de 850 euros que donó al Centro de Refugio y Protección de Mujeres y Niños de Lahti.
Aunque consideró la donación como una vía para restituir lo que tomó hace casi seis décadas, Vallden remarcó que el caso no estará cerrado hasta ubicar al propietario original o a sus descendientes. Su propósito final radica en que, si la noticia llega a conocimiento de los damnificados, sepan que siente un arrepentimiento genuino por lo sucedido en aquella cabina.