29 de septiembre de 2026 - 20:00

Desde 1912 hasta 1945, un propietario de Nueva York plantó medio millón de árboles: su experimento ayudó a dar forma al sistema de plantación de EE. UU

Durante más de tres décadas plantó cientos de miles de árboles en Nueva York y desarrolló un modelo que combinaba producción, investigación y conservación.

Franklin D. Roosevelt, uno de los presidentes más importantes de la historia de Estados Unidos, suele aparecer relacionado con la política o la Segunda Guerra Mundial o su célebre afición por la navegación y la filatelia. Sin embargo, durante buena parte de su vida adulta, dedicó tiempo y recursos a transformar las tierras de su familia en Hyde Park, en el valle del Hudson, Nueva York, en un espacio forestal productivo.

No se trataba simplemente de plantar algunos árboles como parte del paisaje de su residencia. Roosevelt llegó a convertir la actividad en un proyecto de largo plazo, con registros, asesoramiento profesional, experimentos y objetivos productivos.

La magnitud de la iniciativa resulta especialmente llamativa. Según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, Roosevelt comenzó a comprar sus primeros retoños en 1912, el mismo año en que fue designado presidente del Comité de Silvicultura del Senado del estado de Nueva York.

Durante las tres décadas siguientes, plantaría cerca de medio millón de árboles.

Para la década de 1930, la finca podía recibir entre 20.000 y 55.000 árboles nuevos por año. El proyecto continuó hasta la muerte de Roosevelt, en 1945.

Una finca convertida en laboratorio forestal

Con el paso de los años, la propiedad familiar de Roosevelt llegó a ocupar unas 1.600 acres, equivalentes a aproximadamente 647 hectáreas.

La distribución de esas tierras muestra que el proyecto forestal convivía con otras actividades. Alrededor de 800 acres correspondían a bosques nativos, mientras que unas 400 acres estaban destinadas a huertos, pastizales y campos cultivados.

Las 400 acres restantes fueron reservadas para las plantaciones de árboles impulsadas por Roosevelt. Para 1943, unas 250 acres ya estaban ocupadas por plantaciones consolidadas. Pero lo más importante no era solamente la cantidad de árboles.

Roosevelt tenía una idea concreta sobre cómo debía manejarse una plantación. El Servicio de Parques Nacionales señala que consideraba esas parcelas como un cultivo, y no simplemente como una parte decorativa del paisaje.

La diferencia es fundamental. En lugar de limitarse a conservar los árboles existentes, Roosevelt buscaba producir madera, estudiar distintas especies, recuperar terrenos y garantizar que la propiedad pudiera mantenerse productiva durante generaciones.

El asesoramiento de un especialista

Roosevelt tampoco llevó adelante el proyecto completamente solo.

En 1930 comenzó a trabajar con Nelson C. Brown, profesor de silvicultura de la Facultad de Silvicultura del Estado de Nueva York, perteneciente a la Universidad de Syracuse.

La colaboración permitió darle una dimensión mucho más profesional al proyecto. Entre 1930 y 1933, la institución estableció 36 plantaciones con aproximadamente 88.600 árboles en la propiedad.

Brown continuó vinculado al proyecto durante los siguientes doce años. Según los registros del Servicio de Parques Nacionales, actuó como una suerte de administrador forestal informal y no remunerado de Roosevelt.

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