Ya no cabe duda que una nueva generación de jóvenes de formación académica se están amalgamando en la música folclórica de la región. Una parte intenta fusionarla y reelaborarla y otra investiga su historia.
Ya no cabe duda que una nueva generación de jóvenes de formación académica se están amalgamando en la música folclórica de la región. Una parte intenta fusionarla y reelaborarla y otra investiga su historia.
¿Será el hontanar de un nuevo cancionero posmilenio? ¿la tonada, la zamba, la cueca y el gato pueden transformarse?
Por supuesto, la carrera de Música Popular de la UNCuyo consiguió institucionalizar este legado y ayudó a redescubrir cancioneros y compositores clásicos y subversivos.
A esa camada revisionista pertenece Sebastián Garay. Él, como muchos compositores sub 30, fueron alumnos que aprendieron a tocar profesionalmente el repertorio cuyano aunque no se quedaron repitiendo ni los moldes ni en los estilos prefijados.
Ellos hilvanaron el pasado con el futuro y construyeron un hoy ardiente de creatividad y de inquietudes de rupturas y mestizajes, centrándose sobre todo en reescribir las identidades que le daban inspiración, tal como ocurrió en el movimiento del Nuevo Cancionero.
Esos elementos compositivos que quiebran el discurso de aquello hecho con lo que está emergiendo se refugia en el flameante segundo álbum de Garay que será presentado esta noche en el Independencia, “Folclor o no folclor”.
- ¿De dónde viene el título?
Sebastián Garay: Se originó en la idea cuando alguien que no conoce tu música te va preguntado: ¿vos qué hacés? ¿vos qué tocás? ¿folclore, rock, música latinoamericana o "world music"? La respuesta es simple; es folclore, pero también es de todo un poco, porque como intérprete también soy un melómano que escucha rock nacional e internacional, jazz, cuarteto, bagualas. Un músico es en sí una Babel de géneros.
- ¿Y cuáles fueron sus inspiraciones?
- Ser o no ser. A la música que hacés hay que encontrarle un lugar. Estaba lleno de dudas sobre eso de definirse dentro de un género, a partir de allí me calmé y me moví del centro. Me propuse deslizar las fronteras más allá de lo aprendido.
Los géneros se enseñan para que se conozcan en qué tonos se estructuran, el rock, el folclore, el jazz, tiene sus acordes. Sirven para clasificar. Y la industria musical se apropió de estos moldes y los legalizó para comercializarlos así.
Pero hay rupturas, vienen, aparecen, son necesarias. Hay cantautores como Leandro Lacerna, los chicos de Mi Amigo Invensible, que pueden usar aquellos acordes para mutarlos, convertir una milonga en una canción pop, una zamba electrónica. Y más.
- ¿Qué diferencias más notables hay entre "Piel y barro" y "Folclor o no folclor"?
- “Piel y barro” tiene una atmósfera sublime. Tiene algo grandilocuente porque lo pensé pensando en hacerle un tributo al Nuevo Cancionero y también tiene una lectura autobiográfica. Tengo la sensación que entre uno y otro pasé de un concepto tomado muy serio y otro que me ofrece libertad y alegría. “Folclor...” es un álbum brillante, tiene sol.
Hay un deslizamiento hacia lo cotidiano, hacia relatos mínimos, sabrosos, con recuerdos, personajes y paisajes que se me fueron cruzando. Además, tomé el tema “Inconsciente colectivo” de Charly, recordando la versión de Mercedes Sosa, como ejemplo del entrelazamiento de dos géneros que parecía hasta ese momento totalmente incompatibles.
- ¿Pensás que ya estamos conviviendo con un movimiento que se parece al Nuevo Cancionero?
- Puede ser. Hay ejemplos claros de una renovación del folclore nuestro. El referente más influyente sin duda ha sido la forma de reescribir cuecas de Fernando Barrientos. Él les da una poesía que tiene muchos momentos cotidianos, simples, hermosos y se descentra de la descripción del paisaje como personaje principal, tan típicos.
En otros tiempos, el estilo cuyano se pintaba de geografías y lo humano. Ahora he notado que en los nuevos autores se cuentan otras cosas. Se agregan recuerdos, sentimientos y pequeños instantes. Además, también se ampliaron los instrumentos, se agregó el formato banda de rock, vientos, teclados electrónicos. El deslizamiento sobre estos géneros no sólo es sobre los temas, sino también sobre la forma de hacerlos.
- ¿Esta intersección incluye también el universo virtual? ¿Qué pensás acerca de esta transición entre lo anólogo y lo digital?
- Lo de la música en las redes es algo que siempre lo he estado craneando. Lo puse a prueba yo mismo el 9 de setiembre cuando subí en varias plataformas este disco. De hecho, defiendo la propuesta de que hay que mover la música por las redes. Pero por otro lado, considero que tiene todavía mucho valor el formato físico del álbum.
Creo que es un objeto culto. Y la gente lo quiere escuchar de esa forma, teniendo el arte de tapas en las manos y colocando el cd en la compactera y en su propio sistema de parlantes. En el caso de “folclor...” se buscó reflejar la estética vintage de los vinilos de los años 70 para embalar un compacto.
Para mí hacerlo de esta forma es darle otra opción para quienes quieran escucharlo a través de ambos formatos. La música ahora está flotando por las nubes de las redes o puede guardarse en estanterías.
- ¿Qué va a pasar después de esta presentación oficial?
- Quiero sacar el disco por los festivales. Hacer maleable su presentación a distintos escenarios. Que pueda convivir entre grandes escenarios y pequeños auditorios.
- ¿Cómo será el recital de esta noche?
- Estarán los mismos músicos que grabaron el disco. La banda completa que colaboró en los arreglos y los detalles. Ya cuando pensé en esta presentación ya tuve la idea de que iba ser así, con la troupe completa. Después, guardaré la guitarra en un estuche, armaré un equipaje y me prepararé para presentarlo por el país.
Así es el disco de la viña y su memoria
La canción "Sopla del río" de Paula Neder de "Caleidoscopio" puede interpretarse como un avance de lo que estaba cocinando Seba Garay para “Folclor o no folclor”.
Hay en sus diez canciones de autor revisiones de sus recuerdos, anécdotas callejeras, melancolías de amores perdidos, cuentos de inmigrantes y trabajadores de viñas y entregas románticas.
Estas historias pueden terminar o no en lo que dura cada canción y desde el sonido se cruza el acústico con los instrumentos modernos e incluso los arreglos electrónicos.
En el resto del repertorio encontramos vendimias, golondrinas y el departamento de Guaymallén (“Hermanos del sol”) ; tormentas de verano (“Las Tipas y la Alameda”) ; minúsculas baladas folk (“El frío aprieta”) ; declaraciones de amor (“Fragilidad”) y la pérdida de él (“Cae la noche”), esta última con la forma de zambita atmosférica y orquestal.
Los reflejos del barrio y sus habitantes rurales están en “Overol azul” y en "La flecha y Babel", se contradicen las impresiones de un inmigrante fronterizo, el desarraigo y la identidad de quienes necesitan dejar su país por trabajo temporal.
Una vez que cierra sus percepciones sobre el paisaje exterior, Garay se anima a expresar lo que está dentro de él, inspirándose en sus recientes 30 años cumplidos, sintetizado en "Una década más".
Esta canción además, es la más bastamente instrumentada y subversiva, en la que deja claro que "He conocido el beso y el llanto".
También hay un cover, "Inconsciente colectivo" de Charly.
"Folclor o no Folclor" fue grabado en el estudio Reloj de Arena.
La ficha
Sebastián Garay presenta "Folclor o no folclor"
En: Teatro Independencia.
Día: hoy 16 de octubre.
Hora: 21.30.
Banda: Laureano Busse, Javier Romero, Federico Zuin, Víctor Silione, Charly Pereira Moreno, Joaquín Guevara, Sebastián Alcaraz, Leonardo Fuji Altavilla, Martín Rodríguez. Pablo Quiroga.
Invitados: Nelson Jhon (Bs. As.), Paula Neder, Maluko, MF Aleman, Pablo Torres.
Puesta en escena: Guillermo Troncoso.
Entrada general: 100 pesos.