En honor a la verdad y como primera premisa tendríamos que puntualizar que el mercado inmobiliario en Mendoza es muy diverso y heterogéneo. Como resultado, la provincia posee en su geografía zonas urbanas, semi rurales y rurales, en donde cada una de ellas se comporta de forma distinta.
Las áreas urbanas (en lo relacionado a la compraventa de inmuebles, ya sean usados o a estrenar), se muestran con un poco más de dinamismo que en el resto de las jurisdicciones. En zonas semi rurales y rurales las operaciones muestran distintos comportamientos. Un párrafo aparte merece el mercado locativo, en donde se evidencia una absorción buena con destino a vivienda familiar, mientras que para otros destinos sólo existen consultas.
En general, la oferta está siendo analizada por la demanda con un cierto grado de minuciosidad. Al ver que los montos solicitados están por encima de los valores, se está dispuesto a convalidar. Mendoza se presenta como una provincia muy atractiva y tentadora para atraer a las inversiones rurales, y sin lugar a duda que el levantamiento del llamado “cepo cambiario” favorece la inversión, ya que con una brecha entre la compra y la venta de moneda extranjera de 8% o 10% alienta a las partes a llegar a un acuerdo, poniendo en práctica la ley de mayor esfuerzo es decir que cada una de las partes involucradas ceda un poco en sus pretensiones.
Luego de las PASO, de los comicios en los que se votaron, diputados y senadores (provinciales y nacionales) gobernador y finalmente a presidente de la Nación, la primera reacción del mercado fue relegar a segundo término la importancia de la compra de un inmueble.
Transcurridos los primeros días de la asunción de las nuevas autoridades, el análisis cualitativo del mercado es la prioridad. En este nuevo escenario, se está evidenciando un mejor humor por parte de los compradores y en especial de los inversores, que están con mucha expectativa en un cambio de dirección en la macro, relacionado con lo económico y financiero.
El inversor va a verse beneficiado por el “stop, see and begin”, parar, ver y comenzar de nuevo, lo cierto que esto encierra (como análisis previo a la inversión inmobiliaria) que está volviendo, de a poco, la confianza en el mercado.
Si bien las expectativas para 2016 son de mucho optimismo, es oportuno señalar que son varios los factores que influyen para que el mercado inmobiliario se reactive.
Procurar una inflación de un dígito, incentivar el apalancamiento hipotecario, crear un marco propicio para la construcción, priorizando la actividad privada, y lograr que las reglas de juego sean previsibles y se sostengan en el tiempo. Las políticas de Estado no sólo requieren de este panorama sino también de una decisión firme y sólida por parte de quienes las tienen que tomar.
En épocas de incertidumbre, falta de confianza y previsibilidad, son el campo propicio para que surjan los improvisados e inescrupulosos, con la única finalidad del lucro fácil; se aprovechan de la ciudadanía en general, de los desprotegidos y necesitados en particular. Lamentablemente este tipo de hechos se presentan con cierta asiduidad en esos tiempos.
En los últimos tiempos una profusa legislación y en particular la puesta en marcha del nuevo plexo legal del Código Civil y Comercial de la Nación, existe una marcada línea que se ha inclinado hacia la relación y a la protección de los derechos del consumidor, en especial esta protección desde lo penal. Tal situación también se ha visto reflejada en nuestro mercado y en muchos casos por los que se hacen llamar agentes inmobiliarios, los que no están facultados para operar en el mismo.
El mercado inmobiliario goza de ser un espacio altamente transparente, no monopolizado ya que se regula asimismo de acuerdo a la oferta y la demanda que existe en cada una de las transacciones que se realicen. Por ello es muy difícil arriesgar un número macro o promedio de venta. Tendríamos que analizar caso por caso, encerrando dentro de ellos no sólo la cantidad de hectáreas comercializadas sino también, como factor determinante, ubicación y propiedades intrínsecas de la oferta.