Las cifras son elocuentes: los costos logísticos representan en promedio el 14% del valor exportado por Mendoza (variando aproximadamente entre el 10% y 30%, según producto).
Las cifras son elocuentes: los costos logísticos representan en promedio el 14% del valor exportado por Mendoza (variando aproximadamente entre el 10% y 30%, según producto).
El valor de este ratio genera una alerta si se lo compara con el promedio de Argentina (9%), o con el promedio de Brasil o China (6%). Por otro lado, la mayor parte de los costos logísticos es el transporte terrestre, el cual domina la estructura de costos incluso en aquellos destinos que también requieren transporte marítimo (como Estados Unidos o UE).
Los costos de transporte en la práctica actúan como un arancel al comercio, por lo tanto, esta desventaja en la que se encuentra Mendoza disminuye ciertamente las posibilidades de exportar e integrarnos al mundo. En perspectiva, estos costos logísticos son mucho más altos que las retenciones a las exportaciones, o que los impuestos que debemos tributar para ingresar a los principales mercados externos.
Culpas compartidas
Mendoza posee altos costos logísticos por, al menos, 3 razones. Primero, una cuestión geográfica obvia, estamos lejos de los puertos y de los principales mercados mundiales (factores inevitables).
Segundo, los costos de los fletes son directamente proporcionales a la relación peso valor; y los productos que exportamos en general tienen un peso muy elevado en relación a su valor (el desafío de agregar más valor por tonelada exportada para reducir este impacto).
La tercera causa es el resultado de políticas desacertadas, que generaron profundos déficits en la infraestructura ferroviaria, vial y portuaria (necesidad de rediseñar nuestra estrategia competitiva).
Agenda inevitable: políticas de fondo para aumentar la productividad
Argentina no priorizó lo suficiente inversiones que configuran el cimiento del progreso económico, entre ellas, obras estratégicas en infraestructura logística.
La última década resultó brillante para la región, se conjugó un alto crecimiento mundial, altos términos de intercambio para América Latina y bajas tasas de interés internacional. Sin embargo, nuestras empresas exportadoras cuentan con prácticamente la misma (y precaria) infraestructura logística.
Diversos son los desafíos sobre los cuales tendremos que seguir trabajando arduamente (junto con la Nación) para comenzar a revertir estas asimetrías competitivas que limitan nuestro progreso económico.
Algunas políticas son de mediano plazo y exigen esfuerzos importantes, como por ejemplo, lograr una conectividad ferroviaria eficiente con el puerto de Buenos Aires y con la frontera con Brasil que sea una alternativa para el sector exportador (hoy claramente inexistente). O contar con rutas de doble vía hasta Buenos Aires y Chile, lo cual permitiría realizar innovaciones en el transporte en camión que reducirían sensiblemente los costos operativos (por ejemplo, utilizando vehículos de alta tecnología como bitrenes).
Otras acciones son menos ambiciosas en materia de inversiones, como mejoras en la productividad portuaria (servicios de asistencia en los puertos y procedimientos administrativos) o reducciones en el costo del sistema portuario (es inconcebible que tengamos servicios portuarios hasta 5 veces más caros que en Chile).
Estas políticas e inversiones permitirán reducir los costos para exportar, condición necesaria para estimular la competitividad de nuestra provincia, ampliar nuestros mercados e incluir nuevas empresas y trabajadores al progreso.