El padre Pajares, de 75 años, que trabajaba desde hacía tiempo en Liberia para la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, también será sometido de nuevo a los tests, pese a que ya dio positivo en el país africano, donde estaba aislado en un hospital de Monrovia gestionado por una ONG vinculada a esa orden religiosa.
“La seguridad de los españoles está garantizada”, había asegurado el miércoles la directora de Salud Pública, Mercedes Vinuesa, repitiendo ayer que “la probabilidad de contagio es muy baja”.
“Hay bajo riesgo de contagio, salvo que se tenga contacto directo con secreciones o fluidos de estos pacientes”, explicó Francisco Rodríguez.
“Es una enfermedad cuyo tratamiento es hidratar y este es el tratamiento que se ha iniciado” en el hospital madrileño, informó ayer el director de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid, Antonio Alemany, quien descartó por el momento solicitar un suero experimental estadounidense.
“No tenemos evidencia científica de los resultados que puede dar ese suero”, afirmó Alemany.
Las autoridades sanitarias estadounidenses han utilizado un suero experimental con el doctor Kent Brantly y la misionera Nancy Writebol, que habían sido repatriados el sábado y el martes respectivamente a su país desde Liberia, donde trabajaban juntos, infectados por esta fiebre hemorrágica.
El miércoles, preguntado sobre la oportunidad de utilizar este suero en África, el presidente estadounidense, Barack Obama, también consideró que “debemos dejar que la ciencia nos guíe y no creo que tengamos todos la información para determinar si ese medicamento es eficaz” contra una enfermedad que sigue avanzando.
El virus del ébola ha matado 932 personas en ese continente desde marzo, según el último balance de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según datos de la OMS, hasta el 4 de agosto el ébola afectó a 1.711 personas en Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria.
La presidenta liberiana, Ellen Sirleaf, decretó en la noche de ayer el estado de urgencia al considerar que “el virus ébola, las ramificaciones y las consecuencias de la enfermedad, constituyen ahora un trastorno que afecta a la existencia, seguridad y bienestar de la República, y representa un peligro claro e inmediato”.
En Sierra Leona, el ejército está movilizado para garantizar la cuarentena en los centros que acogen a los infectados. Desde su aparición en 1976, el virus mató a dos tercios de los infectados.