Manuel González : “Los vinos de línea media y alta, por ahora, logran subsistir”

El Gerente de Producción de Andeluna asegura que viñedos deteriorados y bodegas endeudadas son fotos corrientes de la crisis del sector. Estima que varietales como petit verdot y cabernet franc tienen posibilidades en el mercado externo.

Manuel González maneja una de las bodegas de alta gama más reconocidas de Argentina. Durante la entrevista afirmó que la locura que se generó con los vinos cabernet franc ha llevado a muchos productores a cometer errores con el vino.

-Teniendo en cuenta la crisis, ¿cómo ve a la vitivinicultura argentina?

-Estamos viviendo una etapa complicada, no es novedoso lo que digo. El contexto macroeconómico está marcando duramente a todos los actores de esta industria, tanto a los productores de uva para mosto y elaboradores de vinos comunes como así también a los productores de uvas destinadas a vinos finos.

Uvas sin cosechar, viñedos deteriorados por falta de presupuesto, bodegas endeudadas y disminución en las ventas son fotos corrientes de estos días.

Empresas que no pueden importar sus insumos del exterior y los insumos locales que aumentan al ritmo de la inflación hacen que las firmas analicen la posibilidad de utilización de insumos de menor costo; se comienza a transitar sobre una delgada línea que roza la disminución de calidad. Por supuesto que en términos de competitividad este escenario es desfavorable para Argentina.

-¿Cuánto influye en la bodega el aumento de costos y el tipo de cambio a la hora de exportar?

-Este mix detonante, suba de costos y tipo de cambio, ha hecho que perdamos competitividad en segmentos iniciales debido a que no se encuentra rentabilidad en ellos, conduciéndonos a una lenta y progresiva pérdida de mercados.

Esto no es algo que se recupere fácilmente frente a la competencia de otros países vitivinícolas con mejores condiciones económicas. Los vinos de línea media y alta, por ahora, logran subsistir en exportación, pero todo dependerá de lo que suceda con el contexto macro en adelante.

-Durante los últimos años hubo una locura por el desarrollo del cabernet franc, ¿qué análisis hace de ese período?

-Al principio de la última década y media existieron los pioneros de esta cepa (como es el caso de Andeluna), que aún continúan liderando ese nicho. En ese momento a nadie se le ocurría apostar al cabernet franc, sin embargo, estos pioneros se afianzaron y cada vez lo hicieron mejor. Hasta que vino la locura.

Por un lado, los críticos especializados colaboraron en este sentido y por otro se dio un fenómeno de curiosidad por parte de los consumidores locales y extranjeros que, al reconocer calidad en la Argentina, empiezan a buscar cosas novedosas y encuentran esta piedra preciosa.

Como dije en alguna oportunidad: la moda del “cabernet franc” ha llevado a algunos elaboradores a cometer errores y pensar que es una variedad adaptable a cualquier cosa mientras tenga su porcentaje varietal ajustado a lo legal.

He aquí el gran desacierto de varios: “cabernet franc no es una variedad para estirar”, es una variedad sensible, noble y que nos da prestigio a nivel nacional y mundial. Debemos proteger esto que hemos logrado.

-¿Es el cabernet franc una opción para la vitivinicultura de nuestro país?

-Es una opción y a la vez una gran oportunidad como país ya que hemos logrado posicionar a este varietal en el podio, y eso habla de Argentina en el mundo. Creo firmemente en Argentina como productora de cabernet franc de alta calidad y lo hemos sabido demostrar en los últimos años hasta el momento.

A raíz de esto, hoy todas las bodegas quieren tener algo de cabernet franc, aunque sea solo el nombre. Aquí es donde debemos ser cuidadosos para no estropear lo que se ha conseguido con tanto mérito.

Volviendo a la pregunta, es una opción, pero no pensemos en cosas que nunca van a suceder; con la poca superficie plantada y lo selectiva que es la variedad en cuanto al clima y suelo, debemos tener claro que volumen no es justamente lo que hay que perseguir.

En cambio, si trabajamos profundamente en micro zonas, clones, manejo diferenciado de canopia y honestidad podremos lograr y mantener reconocimientos considerables.

-Cambió la moda: de tanques de acero inoxidable ahora los enólogos vuelven a las piletas sin epoxi o a las vasijas ovoides ¿Cómo ve esa corriente?

-Esto habla de dinamismo y de búsqueda incansable por parte de los hacedores. En estos últimos años hemos ido incorporando diferentes nuevas tendencias en la enología con el fin de estar a la vanguardia de las técnicas y así lograr grandes vinos que quiebren stock y tengan reconocimiento.

Cada tipo de vasija: inox, cemento, ovoide, roble, epoxi, tiene sus características, sus ventajas y sus contras. Personalmente preferiría tener de los distintos tipos a fin de poder lograr mayor complejidad, utilizando los diferentes tipos de recipientes a conciencia, con un objetivo claro y con la calidad como meta.

-¿Qué opinión le merecen los vinos con mucha madera y los vinos súper extractivos?

-Es todo un tema de equilibrio, desde la planta donde hay que saber leer los índices que hablan del balance del viñedo hasta el proceso de elaboración, donde hay que ser muy respetuoso de lo que se cosechó para no estropearlo.

Particularmente no me gustan los vinos desequilibrados y extremadamente maderizados y concentrados, busco que el vino refleje y revele las condiciones ecológicas de clima y suelo de donde proviene la fruta; y me pasa que cuando ese es el objetivo, todo el resto se alinea en pos de esta búsqueda. Así, la extremada concentración y el aporte desequilibrado de madera quedan de lado porque el foco apunta a la elegancia y al balance.

-¿Hoy qué busca el consumidor internacional?

-Cada vez son mas exigentes, es complicado englobar a todos en un conjunto ya que los continentes son diferentes. En general, la búsqueda apunta a la elegancia y la armonía en el segmento de conocedores, debido a que tienen más conceptos claros y esto los lleva a  buscar una gran experiencia al momento de encontrarse con un vino.

Sectores menos conocedores buscan, en otra escala, lo mismo. O sea, que el vino sea tomable; y eso no habla de que sea flaco, débil o poco concentrado, sino que habla de armonía. Creo que estamos a la altura de poder satisfacer sus requerimientos.

-Con respecto al malbec, ¿Argentina todavía tiene algo para mostrar?

-Argentina es malbec y está bien que así lo sea porque nos remitimos a nuestra esencia. Podemos seguir creciendo en calidad, principalmente, y en reconocimiento. Tenemos mucho que aprender y desarrollar de malbec en micro áreas específicas con diferentes condiciones, para lo cual estamos haciendo profundos estudios al respecto con resultados que el tiempo nos gratificará como país.

Hay mucho trabajo de suelo para seguir explorando y obteniendo sobresalientes vinos. Es preciso seguir trabajando, pensando en que nuestro ecosistema es privilegiado en el mundo para esta cepa y que gracias a ello el mundo nos reconoce.

-En el futuro, ¿nuestro país deberá seguir vendiendo varietales o hay espacio para los blends de alta gama?

-Entre otras variedades que van a seguir marcando tendencia destaco al cabernet franc como una bandera que hoy también está gritando “Argentina”.

El petit verdot tiene mucho para darnos. Hay espacio tanto para monovarietales como para blends, el desafío está en trabajar en balance, armonía, personalidad e identidad. Ambos formatos son válidos al momento de plantear un vino de alta gama.

LAS MAS LEIDAS