29 de octubre de 2016 - 00:00

Malargüe es zona protegida para la producción

En 1977, a pedido de los productores, se decretó a Malargüe como zona protegida para la producción de papa semilla. En 1988 el decreto se convirtió en ley que finalmente fue reglamentado en 1993.

Susana Emili, coordinadora del Programa Semillas de Iscamen, explicó que “Malargüe cuenta con un periodo corto de helada y que calza justo para el desarrollo de la producción, lo que la convierte en una zona fitosanitaria muy buena para la papa semilla, que desde el decreto es lo único que se puede plantar en la zona, que se eligió también por estar aislada de todo”.

Luciana Acevedo, de la delegación Iscamen Malargüe, comentó que el nombramiento de área protegida significa que se prohíbe en esa zona realizar cualquier cultivo que no sea con semillas debidamente fiscalizadas.

“Acá, a diferencia de otros productos, no se prioriza el rendimiento, sino que se hace especial hincapié en la calidad y este año salieron muy bien los análisis que realizamos”.

Cecilia Picca, investigadora del laboratorio de protección Vegetal en Rama Caída de INTA, detalló que dentro de Argentina, la producción de papa semilla se divide en áreas. La idea de separarlo geográficamente es para mantener la sanidad de la producción.

En cantidad, en primer lugar está el sureste de Buenos Aires, seguida por Córdoba y luego viene Malargüe. “Pero la que genera de mejor calidad sanitaria es la de Malargüe, que hoy es la más buscada del país”.

Arnaldo Bujaldón, productor de la papa semilla, contó que durante la temporada 2015/16 se produjo en unas 1.100 hectáreas elaboradas por 23 productores y todas fiscalizadas por el Iscamen.

“Este año tuvimos muy buenos rendimientos, cerca de los 25.000 kilos por hectárea en promedio”.

Y agregó que “el 90% de los que producimos es Spunta, mientras que el 10% restante Kennebec. Y el mercado es todo el país. Tenemos clientes de Chubut, Jujuy, Córdoba, Buenos Aires y Tucumán. Hoy la producción alcanza para satisfacer la demanda con lo justo”.

A fin de garantizar el mantenimiento de la calidad sanitaria de los tubérculos producidos, las áreas protegidas tienen que cumplir ciertas condiciones.

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